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Nos han arrebatado la fiesta

Rafael Casanova murió tranquilamente en su cama muchos años después
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Con el advenimiento de la democracia, el Parlamento de Cataluña declaró el día 11 de septiembre Fiesta Nacional catalana en su primera ley tras su restablecimiento, en 1980. El artículo 8.3 del Estatuto de Autonomía establece: «La fiesta de Cataluña es el día 11 de septiembre», llamado también Diada.

¿Por qué se elige una fiesta que, en teoría, conmemora la derrota de Cataluña y la pérdida de sus libertades? No le veo otra explicación que no sea la facilidad para la manipulación torticera que ha sufrido esta fecha histórica a manos de los nacionalistas.

Cualquier persona medianamente informada sabe que esa derrota no lo fue de toda Cataluña, sino de una parte de catalanes y españoles que habían optado por apoyar al pretendiente austríaco frente al Borbón Felipe V (especialmente los barceloneses, aunque tampoco todos). Así lo demuestra la llamada a la lucha del Conseller en cap de Barcelona, Rafael de Casanova: «Acudirán todos a los lugares señalados a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España».

Cabe recordar que, al perder Barcelona la guerra –que no Cataluña ni todos los catalanes–, sufrió la abolición de los Usatges o Constitucions de Catalunya, igual que Aragón y Valencia habían perdido sus fueros. Nada que lamentar. Al contrario, puesto que se trataba de leyes que protegían los intereses nobiliarios y burgueses, no las libertades del pueblo, como falsamente se quiere hacer creer. Hay que resaltar además que el Decreto de Nueva Planta contiene reformas casi exclusivamente del sistema judicial, y no de derecho civil, para el que continuaron rigiendo los Usatges. Y desde dicha abolición, el crecimiento demográfico y económico de Cataluña fue mayor que nunca.

También cabe añadir que, lejos de dar su vida por la patria, finalmente el señor Casanova murió tranquilamente en su cama, muchos años después, habiendo llevado una vida próspera en su ciudad. Todo esto se le oculta a la población y la Diada es pues una fiesta que, manipulando la Historia, reivindica falsos agravios y se convierte en defensora de la independencia, que es una aspiración de sólo una parte de los catalanes. Por eso nos la han arrebatado. Se la han apropiado una parte de los catalanes, los separatistas. Ningún catalán que no esté de acuerdo con la independencia puede sentirse cómodo en esa celebración que sólo pone el acento en lo identitario catalán, no como riqueza que muchos compartimos con otros aspectos de nuestra identidad, sino como algo que nos separa del resto de los españoles.

Por todo eso, no la sentimos como nuestra, como sí sentimos que una fiesta que nos une a todos es la de Sant Jordi, que es la que nosotros proponemos como fiesta oficial.

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