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Nàstic, la recompensa de la humildad

Sea cual fuere el desenlace de la jornada de hoy, ya nadie podrá reprochar el gran trabajo del Nàstic durante esta temporada

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El Nàstic tiene hoy por tercera vez en su historia la posibilidad de alcanzar la gloria de la Primera División del fútbol español. No lo tiene fácil. Para ello es imprescindible que venza al Alavés (un equipo que ya viene ascendido y con la resaca de las celebraciones) en el Nou Estadi y que, a su vez, el Leganés pierda o empate en su visita a Miranda de Ebro. En este deporte de fenómenos inauditos nada se puede dar por supuesto. Aquí radica precisamente su grandeza. Por tanto, todos los aficionados del Nàstic viviremos hoy una jornada tensa que no tendrá su desenlace hasta última hora del día, cuando hayan finalizado los dos trascendentales encuentros. No valen euforias previas. Con muy buen criterio, el club cortó ayer de raíz el intento del Ayuntamiento de preparar la celebración del ascenso. No es cuestión de supersticiones (que también). Es cuestión de prudencia, de realismo, de tocar con los pies en el suelo. Es cuestión, en definitiva, de seguir la misma política que ha mantenido la entidad durante toda la temporada: humildad, trabajo, profesionalidad y realismo. Los frutos de esta conjunción de virtudes ahí está. Es evidente que el premio gordo del esfuerzo de toda la temporada sería alcanzar hoy el soñado ascenso a la categoría de honor. Pero si no fuera así, nadie podría reprocharse nada. Se ha hecho más de lo exigible. Y además queda la segunda oportunidad del play-off. Cualquier opción es una gran victoria para este Nàstic.

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