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¿Nucleares sin fecha de caducidad?

Ahora sería muy osado prescindir de la producción de las nucleares, al igual que pretender que funcionen para siempre

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La decisión del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) de autorizar la reapertura de la central nuclear de Garoña abre la puerta a poder alargar la vida útil del resto de centrales nucleares que están funcionamiento en España, tres de ellas en la demarcación de Tarragona (Vandellòs II, Ascó I y Ascó II). Con la actual normativa, las centrales tarraconenses deberían interrumpir la producción en 2022, 2025 y 2027 sucesivamente. De hecho, la Asociación Nuclear Ascó-Vandellòs (ANAV) ya tenía previsto solicitar una prolongación del tiempo de explotación tras haber invertido 100 millones de euros en mejoras y en la adaptación de sus centrales a las medidas de seguridad más estrictas que fueron requeridas tras el accidente en la central japonesa de Fukushima. En las circunstancias actuales, con los precios que alcanza la energía eléctrica, parece suicida que España pueda permitirse prescindir de unos centro productivos con garantías y altamente competitivos en materia de precios. Pero, por otra parte, los avances tecnológicos en las energías renovables las convierten en la principal apuesta de futuro. La energía nuclear no ha sabido o no ha podido dar una respuesta inapelable a la gestión de los residuos y tampoco ha logrado sacudirse la permanente espada de Damocles de riesgo de accidente nuclear. Se impone un plan realista que prorrogue las nucleares sólo con las máximas garantías de seguridad y sin penalizar la apuesta por energías limpias.

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