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Nueva espiritualidad

Está de moda. Este abril, tres personas diferentes me han ofrecido realizar otros tantos cursos de meditación
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Está de moda. Este abril, tres personas diferentes me han ofrecido realizar otros tantos cursos de meditación. Son en todos los casos cursos serios, a cargo de gente con una formación de muchos años, la mayoría de las veces basada en la tradición del budismo tibetano. Es esta una de las doctrinas religiosas y filosóficas que caen más simpáticas, en parte quizás por la imagen que transmite el Dalai Lama, siempre sonriente. Tiempo atrás, estas disciplinas orientales resultaban raras, y había que desplazarse para poder acceder a ellas. Ahora se han popularizado. La verdad es que el personal vamos en general por la vida con el GPS, internet en el bolsillo, y ultraconectados con todo quisqui, pero nos sentimos, ante las encrucijadas cotidianas de la vida, más perdidos que un pulpo en un garaje. Me cuenta Juan Brouilhet, que va a impartir el próximo fin de semana en Tarragona uno de estos cursos de meditación, que el quid de la cuestión es la mala relación que tenemos con nuestras emociones, que ni las entendemos ni sabemos gestionarlas, en especial la ira. Dice el presidente en España de Rigpa, asociación fundada por el maestro Sogyal Rimpoché, que la meditación, que es un entrenamiento de la mente para hacerse amigo de las propias emociones, debería formar parte de la educación de los niños, para ayudarles a ser adultos felices. Está claro que algo habrá que hacer, porque lo que es el Teléfono de la Esperanza, no da abasto. El año pasado batió un nuevo récord de llamadas, y las relacionadas con problemas psicológicos pasaron del 30% al 45%. Ay, los orientales, menudo filón que tienen con nosotros. El que domina su cólera domina a su peor enemigo, decía Confucio. Es tan simple y está tan claro, que casi da rabia.

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