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¿Nuevas elecciones?

Si el electorado es racional, el resultado de otras elecciones sería similar al 20D

Antonio Papell

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El largo proceso poselectoral que se está desarrollando desde el 20D podría desembocar, como es bien conocido, en unas nuevas elecciones generales, que, si nadie consigue la investidura y se cumplen los plazos marcados por la Constitución y por la Ley Orgánica de Régimen Electoral General, tendrían lugar el 26 de junio (hay quien piensa que si el Rey llega la convicción de que no es posible formar gobierno antes de que transcurra el plazo des dos meses desde la primera votación el 2 de marzo, las elecciones se podrían adelantar algunas semanas).

Ahora bien: si el electorado se comporta con racionalidad, lo lógico es que los resultados de unas hipotéticas elecciones que se celebren seis meses después de las anteriores, y sin que ninguna de las fuerzas políticas haya tomado decisiones ejecutivas relevantes en el interregno que puedan modular el voto, sean muy semejantes a los obtenidos anteriormente. Es decir, es lógico pensar que una nueva consulta a la ciudadanía no cambiaría sustancialmente el equilibrio de fuerzas ya establecido el 20D.

Las primeras encuestas publicadas tras el 20D confirman con matices esta apreciación. Según el sondeo del CIS publicado el pasado 4 de febrero con datos de primeros de enero, muy anteriores a que Pedro Sánchez irrumpiera en escena con el mandato regio de formar gobierno, el PP subía ligeramente hasta el 28,8% frente al 28,72% de las elecciones. El PSOE era el partido que más caía en la encuesta al bajar del 22,01% en los comicios al 20,5% de intención de voto en enero. Podemos con sus diferentes marcas lograba en el sondeo el 20,66% frente al 21,9%, y Ciudadanos caía de un 13,93% hasta 13,3. Con estos cambios, los equilibrios básicos no variaban.

Este domingo pasado se publicaban dos encuestas, la primera de Sigma Dos, con un trabajo de campo realizado entre el 16 y el 18 de febrero; en ella, el PP caía del 28,7% al 27,8% y de 123 a 119 diputados; el PSOE mejoraba del 22% al 23,1% y pasaba de 90 a 93 escaños; Podemos (con sus confluencias) caía sensiblemente de 20,7% al 18,8% y de 69 a 60 asientos; y Ciudadanos mejoraba notablemente su posición desde el 13,9% al 15,3% y de 40 a 50 escaños. Con estos cambios, el PP y Ciudadanos sumarían 169 escaños, con lo que se aproximaría la posibilidad de formar un gobierno a dos, pero en esencia los equilibrios generales se mantendrían invariables.

La otra encuesta publicada el domingo, de NC Report, realizada también entre el 16 y el 18 de febrero, va contra corriente y detecta que sólo el PSOE bajaría sensiblemente (un 0,6%, con la pérdida de 1 a 3 escaños), en tanto el PP subiría dos décimas (de 2 a 4 diputados más); Ciudadanos, tres décimas (de 1 a 2 escaños más), y Podemos mejoraría cuatro décimas (de 3 a 6 escaños más) si bien En Comú Podem y Compromís podrían perder un escaño cada uno. Tampoco variarían, en definitiva, los equilibrios.

La sociología política no es una ciencia exacta, pero el sentido común indica que la ciudadanía tenderá a respaldar a las formaciones que hayan hecho un esfuerzo por la gobernabilidad y castigará a las que hayan puesto trabas a la formación de un nuevo gobierno. Podría, pues, pensarse que, si se mantienen las percepciones actuales, subirían PSOE y Ciudadanos y bajarían PP y Podemos. En la práctica, estas tendencias pueden variar según cual sea la visión de las circunstancias que llegue a la opinión pública. Otros ciudadanos, por su parte, se abstendrán si hay nuevas elecciones, irritados por la impotencia y la falta de voluntad de los partidos, que no habrán sido capaces de formar un gobierno dispuesto a impulsar al país hacia delante. Este factor contribuye a volver del todo imprevisible el nuevo resultado electoral.

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