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Nuevo test sobre dinámicas electorales,168 días después

Munta i Baixa. Tres elecciones en seis meses aportarán luces añadidas en clave local, especialmente sobre el papel de los candidatos y las siglas

Josep Cruset

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Papeletas de las candidaturas electorales en un colegio de Reus durante una jornada de votación. Foto: Pere Ferré/DT

Papeletas de las candidaturas electorales en un colegio de Reus durante una jornada de votación. Foto: Pere Ferré/DT

E l 10 de noviembre llega una nueva llamada a las urnas, 196 días después de las últimas elecciones generales, 168 días después de las últimas municipales. Más allá de su trascendencia política y de las consideraciones derivadas de la incapacidad de los partidos para tejer la gobernabilidad, es una nueva ocasión para testar las dinámicas electorales de la ciudadanía reusense. Pocas veces pueden examinarse claves locales con la luz extra que aportan tres convocatorias en seis meses y medio.

En unos comicios que se auguran muy mediatizados por la condena que el Tribunal Supremo dicte contra los líderes del Procés, el reparto de fuerzas entre el soberanismo y el constitucionalismo será, una vez más, un dato sociopolítico relevante. En las últimas generales de 2019, los partidos unionistas sumaron el 48% de los votos en Reus y los independentistas el 37,5%, mientras los comunes se hicieron con un 11,6. Un muestreo muy significativo porque la participación escaló hasta el 75,4%. Cabe recordar que en las elecciones a las Cortes españolas no se presenta la CUP, formación de la izquierda independentista con una notable implantación en la ciudad, cuyos votantes o bien engrosan la abstención o bien apoyan a otras candidaturas republicanas, en una proporción indeterminada.

Así las cosas, las elecciones catalanas pueden considerarse un indicador aún más fiable en este aspecto. En las de 2017, con un inédito 80,7% de participación, los partidos constitucionalistas obtuvieron el 49,2% del voto popular, frente 44,1 del independentismo, mientras los comunes se quedaron en el 4,7.

El mejor resultado para el soberanismo se dio en las municipales del pasado mes de mayo, con el 49,9% de los sufragios, aunque con una participación del 60%, muy inferior a la registrada en las otras convocatorias.

Partidos en pleno vaivén

Será también la hora de confirmar las dinámicas apuntadas por los partidos en las últimos tiempos. Quien más vaivenes ha sufrido es Ciudadanos, cuyo mejor resultado en unas generales en Reus data de 2015 (8.000 votos, el 17%). Tras su apogeo en las autonómicas de 2017 (18.000 votos, el 32%), todo a ido a peor para el partido naranja, porque el 28 de abril se quedó en el 13% y en las municipales entró en regresión tras una grave crisis interna.

Una marcha atrás similar ha vivido En Comú Podem tras sus históricas victorias en la ciudad en las generales de 2015 y 2016, donde llegó a hacerse con más del 19% de voto. Pero en las generales del año actual cayó hasta el 11%, a lo que siguió un doloroso revés en las municipales.

Dinámica contraria es la experimentada por el PSC, que se apunta como el mayor beneficiario de la sangría sufrida por Cs y ECP. Tras una larga serie de batacazos, los socialistas resucitaron en las generales de 2019, cuando se quedaron sólo un paso por detrás de la triunfante ERC tras obtener más de 12.000 votos (22,6%).

El viento a favor se consolidó en las últimas municipales, donde claramente el PSC recuperó parte del electorado perdido en la cadena de debacles que siguió a las derrotas 2011.

El próximo 10 de noviembre también ofrecerá un nuevo capítulo del pulso entre PP y Vox, cuya irrupción ha resultado especialmente dañina para los populares en Reus. Si en las generales de hace seis meses Vox les superaron contra todo pronóstico, en las municipales de mayo los votos arrebatados por el partido de extrema derecha dejaron por primera vez al PP fuera del Ayuntamiento. Los populares se jugarán agudizar el hundimiento o iniciar la reconstrucción. El envite no será menos trascendente para Vox, que deberá corroborar si su implantación en la ciudad es sólida o coyuntural.

Una reválida postmunicipales

Las elecciones generales servirán también para tener una perspectiva añadida sobre el balance de las municipales del pasado 26 de mayo. El resultado de Junts per Catalunya ayudará a confirmar si la victoria de Carles Pellicer fue una hazaña personal –hipótesis por la que me decanto– o constituyó un síntoma de que el partido es capaz de revertir, al menos a nivel local, el descenso por la pendiente que acumula desde 2012. ¿Lograrán sumar, o a menos retener, a los antiguos convergentes en la misma medida que lo logró la candidatura encabezada por el actual alcalde? Circulaba por la ciudad una maldad ilustrativa al respecto: la marca municipal de JxCat fue Junts per Reus, pero lo más acorde con la realidad habría sido llamarla Junts per Pellicer.

En un sentido similar podrán leerse los resultados de ERC. Tras la espectacular victoria republicana del 28 de abril, respaldada por cerca de 13.000 votos, las municipales dejaron un sabor agridulce. La candidatura encabezada por Noemí Llauradó cosechó un subidón sin precedentes, pero no fue capaz de rentabilizar en toda su magnitud el éxito anterior al quedarse por debajo del objetivo principal, que no era otro que ganar las elecciones.

Todo ello con permiso de la bomba de relojería –con perdón por la expresión, dadas las circunstancias– de la sentencia del Supremo y sus consecuencias, que pueden condicionar fuertemente la cita electoral.

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