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Números rojos

Merkel, que es de hierro, se muestra más flexible y quiere evitar el ´Grexit´
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Cada vez que los políticos de diferentes partidos se ponen de acuerdo es que ha surgido un equívoco entre ellos. La unanimidad no es posible porque cada uno es cada uno, pero tanta diversidad, aunque sea la musa del mundo, no es recomendable. Incluso Alemania, tan coherente y disciplinada, dio claras muestras de no creer en los acuerdos alcanzados para salvar a Grecia por tercera y última vez. El ministro de finanzas, Wolfgang Schaüble, que es el más duro de sus colegas de gabinete, ha insistido en la propuesta de que Atenas salga de forma temporal del euro, pero ya sabemos lo que duran las cosas a las que se les pone plazo. Hace tiempo que el tal Schaüble compite con la señora Merkel, que es su jefa, sobre las soluciones al descalabro griego. Cree él que no tiene remedio y que una quita es imposible. Así que fuera y a otra cosa. Se dice pronto, pero Merkel, que es de hierro, se muestra más flexible y quiere evitar el ‘Grexit’. De un acreedor muerto no se puede esperar que pague y hay que mantenerlo con un hilo de vida para poder tirar del hilo sin que se rompa. Estamos asistiendo a distancia al forcejeo entre dos fuertes caracteres. La canciller se niega a equiparar los derechos de las parejas gais, que no tienen los mismos que los que residen en España, en Francia o en el Reino Unido. Ella sólo cree en una clase de matrimonio, precisamente en el tradicional, aunque a veces proporcione una vida de decepción exactamente igual por ambas partes. ¿Tienen más fácil solución estos problemas de acoplamiento que los bursátiles? En España, donde las parejas rotas solucionan sus desavenencias con el asesinato de la mujer, rarísima vez a la inversa, esa cuestión nos preocupa menos que la morosidad de la banca. Peor que ponerse rojo de ira y matar a la mujer es tener números rojos. Las entidades bancarias se vengan siempre, y a veces por adelantado.

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