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Obama, el Senado e Israel

Washington no es solo el primer aliado de Israel, sino su rehén político
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Parece que, tras alguna vacilación, la mayoría republicana en el Congreso de los Estados Unidos, y singularmente en el Senado, con más peso en asuntos de seguridad y política exterior, está dispuesta a impedir un acuerdo de los Estados Unidos e Irán, según el cual, la parte iraní renunciaría a construir un arma atómica y aceptaría severos controles al respecto, tanto técnicos como políticos.

El asunto, que tuvo una expresión inédita con el discurso de Benjamin Netanyahu el martes de la semana pasada (y que irritó a gran parte del público estadounidense, que lo percibió como una cruda ingerencia en sus asuntos internos) está alcanzando una gravedad sin precedentes (el vicepresidente Biden dijo que «no recuerda nada semejante en materia de desautorización del presidente desde el Congreso en asuntos de seguridad nacional») y tendrá consecuencias, pero no impedirá que el acuerdo sea un hecho. Hay varias razones para afirmarlo así. Podrían ser las siguientes:

a) Según la legislación norteamericana, el Senado puede negarse a apoyar una decisión presidencial – aunque se hace raramente en estas materias porque es una tradición no atentar contra la prerrogativa del jefe del Estado- y solo por complacer a un tercero se dice dispuesto a hacerlo, pero los dos proyectos alternativos presentados al respecto. serán vetados por el presidente y esa misma legislación exige que, en tal caso, dos tercios de los senadores voten contra la Casa Blanca. Y no hay tantos opositores disponibles.

b) Bloquear el acuerdo es, literalmente, indisponer a los Estados Unidos. con el resto del mundo, porque el gran acuerdo está siendo negociado por el llamado G-5+1), es decir EE UU, Reino Unido, Francia, China y Rusia más Alemania, con el Gobierno de Teherán. Ninguno de ellos ha amenazado con retirarse por desconfianza y quien los representa muy bien, el ministro francés Laurent Fabius, quien hace de portavoz de la dimensión europea de la negociación, defiende el ritmo negociador, sus avances y su eventual firma.

c) Esto significaría que la próxima Administración, tal vez republicana, podría ser, si consiguiera tumbar el arreglo, la única voz en el mundo que se opone a la normalización con Irán que, entre otras cosas, es un socio esencial en la lucha militar y política contra el sedicente y terrorista Estado Islámico.

d) Un sabotaje del acuerdo confirmaría el criterio de que Washington no es solo el primer aliado de Israel, en todos los órdenes, sino su rehén político y diplomático. Netanyahu, que lo sabe muy bien, se atrevió a explotarlo crudamente en público y arruinó del todo su relación con Obama, una sobreactuación indefendible en términos prácticos y de puro realismo político y militar.

La única esperanza del sentido común es que ‘Bibi’ deje de ser primer ministro tras la inminente elección legislativa en Israel.

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