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Octubre republicano

El general Batet apresaba a Companys. Hubo 46 muertos y se suspendió la autonomía (1934)

Ángel Camacho

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Hace 83 años, en octubre de 1934, cuando nacían la mayoría de nuestros abuelos, España llevaba tres años de régimen republicano: la II República, destronado el último Borbón, Alfonso XIII. Nació con ilusión y se perdió en las luchas civiles. Pero no es el motivo de este artículo.

Es que en octubre de 1934, en la derecha política, estaba la CEDA, comandada por José M.ª Gil Robles; había un Bloque Nacional, dirigido por José Calvo Sotelo; un nuevo partido, Falange Española, fundado por José Antonio Primo de Rivera quería ser un movimiento de renovación y la creación de un Estado nacional-sindicalista. En la izquierda, Manuel Azaña había fundado Izquierda Republicana, Diego Martínez Barrio lo hacía con Unión Republicana. Con el Partido Socialista desde comienzos de siglo. Y Esquerra Republicana en el Principado.

La II República, entre otras cosas, quería arreglar la desigualdad y la miseria existente en el campo español. Se aprobaron las leyes de intensificación de cultivos en Extremadura, la hacía revisión de la Ley de Reforma Agraria… Pero en abril de 1934 la Generalidad de Cataluña se enfrentó al gobierno central al presentar ante el Tribunal de Garantías Constitucionales de Madrid la Ley de contratos de cultivos que había aprobado el Parlamento catalán y regulaba el acceso de los «rabassaires» a la propiedad de las tierras que cultivaban.

En el Partido Socialista, Largo Caballero preparaba desde 1933 una revolución de los trabajadores para instaurar la del proletariado, incluso por la fuerza de las armas, radicalizando su sindicato, la UGT. En Alemania triunfaba el nazismo y en Italia, el fascismo, mientras eran aplastados los socialistas en Austria. El socialismo español ve una amenaza fascista y está en condiciones de romper la legalidad republicana.

Gil Robles reclamó la entrada de tres ministros de su partido en el gobierno central: esta fue la base para que se declarara la huelga general y el día 6 de octubre era real la insurrección armada, que se extendió por Barcelona, Asturias, Madrid, Bilbao, Guipúzcoa y Sevilla.
Lluís Companys, presidente de la Generalidad catalana, creyó que era el momento de proclamar el Estado catalán dentro de la una República federal española.

El ministro de la Guerra, Diego Hidalgo, no se anduvo con remilgos. Llamó al general Franco para organizar la represión, que fue especialmente dura en Asturias, donde actuó la Legión con el general López Ochoa.

En Cataluña, el general Batet –catalán, por cierto– dominaba la revuelta y eran apresados Companys y otros compañeros. Hubo 46 muertos y se suspendió la autonomía.
La lucha fue diferente en las montañas asturianas donde la Alianza Obrera había consolidado una resistencia fortísima en las masas obreras, esencialmente mineras. 

El 12 de octubre las tropas entraban en Oviedo y comenzaba una durísima represión. En dos semanas quedó «pacificado» todo el territorio español y la derecha seguiría en el poder hasta febrero de 1936.

Las cárceles rebosaron: más de 30,000 detenidos. La represión rompe cualquier intento de reconciliación: una brecha se había abierto en la sociedad española. El minúsculo Partido Comunista expone su idea de la lucha entre democracia y fascismo. Las izquierdas lograrían un avance arrollador con su Frente Popular.

El propio gobierno central admitió estos números: 100 guardias civiles, 98 militares, 86 miembros de las Fuerzas de Orden Público y Carabineros, muertos; junto con 34 sacerdotes y religiosos y 1,051 paisanos. Los heridos entre Ejército y Fuerzas de OP. 900 con 2,061 paisanos heridos. Edificios públicos incendiados, volados o deteriorados: 63 entre cuarteles, Ayuntamientos, etc.; 58 iglesias; 5 centros de Cultura; 730 viviendas particulares; 58 puentes, 31 carreteras y 66 ferrocarriles cortados. Robadas de los Bancos: 40 millones de pesetas.
Así ocurrió hace 83 años. Aquí.

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