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Opinion EDITORIAL

Otro sablazo a la economía familiar

A las habituales subidas de los servicios básicos, muchos vecinos añadirán el incremento del IBI que grava sus viviendas

Diari de Tarragona

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El año acaba de empezar con las tradicionales subidas en los recibos de todos los servicios básicos como el agua, el gas, la electricidad y el transporte. El remate final ha llegado también en algunos municipios en forma de incremento del impuesto de bienes inmuebles, el famoso IBI. La escalada impositiva de este tributo fundamental para las arcas municipales lleva camino de ahogar a las economías familiares. El IBI, que es un impuesto concebido para gravar la propiedad horizontal, no ha parado de crecer en los últimos años, ajeno a la realidad del valor inmobiliario. Es decir, que mientras el precio de los inmuebles se ha derrumbado a raíz del estallido de la burbuja del ladrillo, los ayuntamientos han seguido cimentando sus presupuestos a partir de la recaudación del IBI, generando un injusto desequilibrio impositivo. Si tomamos como ejemplo la provincia de Tarragona, podremos observar que entre 2006 y 2015 los ingresos municipales por el concepto del IBI han aumentado en un 80%, pasando de los 167,2 millones de euros que se recaudaban en el primer año de referencia a los 202,7 millones recogidos en la última anualidad referenciada. Si distribuimos la carga entre el número de habitantes, obtendremos que cada tarraconense está pagando 171 euros más en concepto de IBI, con el agravante de que, con toda probabilidad, el valor de su propiedad urbana no se ha incrementado en la misma proporción, si es que incluso no ha decrecido. Los ayuntamientos, sabedores de que sus cuentas dependen primordialmente del IBI, idean múltiples estrategias para que la constante subida de este impuesto entre lo más camuflada posible en los cálculos de la economía familiar. Una de las fórmulas es la revisión catastral en la que los ayuntamientos desvían la impopular decisión al Gobierno central sin que tengan que modificar los tipos impositivos para acabar recaudando más. Otro truco para suavizar el sablazo ha sido la recaudación a plazos. A este paso no sería de extrañar que, tal como sucedió con la plusvalía, se acabe con el IBI en los tribunales. 

 

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