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Pablo Iglesias se va

Pablo Iglesias irrumpió hace siete años en la política española como un enfant terrible que llegaba para dinamitar el bipartidismo y «asaltar el cielo»

ÁLEX SALDAÑA

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Pablo Iglesias se va

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Pablo Iglesias irrumpió hace siete años en la política española como un enfant terrible que llegaba para dinamitar el bipartidismo y «asaltar el cielo» rompiendo el «candado del 78». No logró ni una cosa ni la otra, y ahora se va al considerarse un «chivo expiatorio» y darse cuenta de que su figura ya no es que no suma, sino que, por el contrario, moviliza a la derecha que pretende combatir. Es solo una de las muchas transformaciones que ha experimentado un hombre que, a sus 42 años, ha sido profesor universitario, fundador de Podemos, cuatro veces candidato a la presidencia y vicepresidente del primer gobierno de coalición de la democracia, aunque para ello tuvo que pasar de acusar al PSOE de «casta» a gobernar con él.

Por el camino, en el que, bajo críticas de autoritarismo, le fueron abandonando algunas de las figuras que surgieron con él desde aquel laboratorio de ideas que fue la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense –Íñigo Errejón, Carolina Bescansa, Luis Alegre, Teresa Rodríguez, Miguel Urban…–, subió de su natal Vallecas a un chalet en Galapagar y se convirtió en padre de tres hijos junto a la ministra de Igualdad, Irene Montero. Su ego –enorme– sufrió un serio revés cuando invitó a los de Errejón a formar parte de una candidatura conjunta que sin ninguna duda quería liderar él y Mónica García, la cabeza de Más Madrid, rechazó su «tutela»; los resultados electorales han demostrado que no la necesitaba. En todo caso, asumir eso, que ya no es necesario, y dar un paso al lado es un gesto que le honra en unos tiempos donde lo que prima en política es perpetuarse en los cargos. Adiós, Pablo.

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