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Padres fuertes, hijos felices: la educación de la libertad

En un matrimonio siempre hay que ir a una los dos. Somos un equipo
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Para educar la libertad es preciso atender a la totalidad de la persona: la inteligencia, la voluntad, la afectividad y el sentido transcendente. En primer lugar, enseñar a pensar o , lo que es lo mismo enseñar a buscar la verdad; después, ayudar a fortalecer la voluntad, para estar en condiciones de adherirse libremente y de comprometerse con la verdad; enseñar también a superar las dificultades y a poner sentimientos y afectos al servicio de las decisiones libres; por último, el hombre es un ser sociable, abierto a la relación personal con Dios y con los demás, y a de aprender a dar, a darse y a amar.

La clave de una buena educacio?n la encontramos en el seno de la familia. Nuestro papel como padres es ma?s que determinante a la hora de formar a nuestros hijos. Y esta formacio?n tiene que darse en todas sus dimensiones: fi?sica, afectiva, social, racional y trascendente. Si nos obsesionamos con la educación académica y dejamos de lado la educación en hábitos y en virtudes, tendremos hijos incapaces de ser felices.

La familia es el eje central para nuestros hijos. Ya desde pequen?o, el nin?o establece los primeros contactos afectivos, aprende a querer y a ser querido; a recibir y a dar; a compartir...

En ella siente la seguridad de ser aceptado y amado por e?l mismo, como persona u?nica e irrepetible, por lo que es .Los hijos son fruto del amor de sus padres y por eso mismo ven en ellos el mejor ejemplo a seguir.

La pedagogía de los hábitos y de las virtudes, empieza en la familia y el colegio la refuerza y acompaña:

De cero a seis años padres y educadores tienen que fomentar en el niño la adquisición de hábitos buenos; la obediencia, el orden,la alimentación, la higiene... Un hábito bueno no se aprende al azar, sino repitiendo actos. Para repetir actos es necesario que alguien los exija. Cuando son pequeños esa exigencia es externa por parte de los padres y los profesores.

Conforme vayan creciendo estos hábitos se convierten en virtudes, esa exigencia externa pasa a ser auto exigencia. Hacia los seis años tiene lugar el despertar de la razón y con ella el de la conciencia moral.

Formar el carácter de nuestros hijos es educar en virtudes: alegría, fortaleza, sobriedad, generosidad, sinceridad,....Así es necesario acompañarlos hasta que alcancen la madurez y sean personas responsables.

Muchos de nosotros nos preguntamos ;¿cuales son los errores ma?s frecuentes que los padres cometemos cuando educamos a nuestros hijos? Quiza?s uno de los principales es el autoritarismo; anulamos su personalidad. Los padres queremos que los hijos hagan lo que nosotros queremos. De este modo convertinos a nuestros hijos en personas sumisas, sin iniciativa.

Otro error es la permisividad; el nin?o cuando nace no sabe lo que es bueno y lo que es malo. Los padres somos los que debemos exigir, con cariño a nuestros hijos para enseñarles el buen camino.

La falta de coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos es otro de los errores ma?s comunes que cometemos los padres. No somos conscientes que nosotros somos su mejor ejemplo y que ellos nos tienen como referencia en todo lo que hacen.

No podemos ceder despue?s de haber dicho no. De este modo nos mantenemos firmes en nuestro criterio. Si no lo hacemos habremos perdido la batalla.

No hay que gritar. Aunque a veces resulte difícil, no hay que perder nunca los estribos. Los hijos se acostumbran a nuestros gritos y cada vez nos harán menos caso. Con los gritos so?lo conseguimos humillarlos y que pierdan su autoestima.

En la etapa de la adolescencia hay que negociar con los hijos. A veces por falta de negociacio?n se rompen las relaciones entre padres e hijos. No podemos exigir e?xitos inmediatos. Todo requiere un periodo de aprendizaje. Repetimos demasiadas veces las cosas y los nin?os se cansan de oírnos. Al final desconectan y no conseguimos el objetivo propuesto.

Para tener una autoridad positiva con los hijos y conseguir un prestigio y un reconocimiento hay que tener unos objetivos claros. En un matrimonio siempre hay que ir a una los dos. Somos un equipo.

Tenemos que darles tiempo de aprendizaje, guia?ndoles para que aprendan, con paciencia, humildad y alegri?a. Hay que valorar siempre sus intentos y sus esfuerzos por mejorar;reconocerle lo que hace bien y corregirle cuando se equivoca. Siempre debemos pensar que estan aprendiendo.

El dar ejemplo nosotros mismos, confiar en ellos y pedirles perdón cuando nos equivocamos son otras de las actuaciones que debemos poner en pra?ctica cuando educamos. Les otorga seguridad y tranquilidad y les anima a tomar sus propias decisiones.

Como deciamos al principio, educar no es fa?cil pero podemos aprende a hacerlo, por eso desde el colegio ayudamos a las familias en esta importante tarea con los Cursos de Orientacio?n Familiar (COF). Un apoyo firme y eficaz que ofrecen un espacio de dia?logo y aprendizaje para los matrimonios en el que se proporcionan herramientas y pautas que ayudan a los padres en su tarea educativa de sus hijos.

Hemos de estar convencidos que el mejor proyecto que tenemos los padres es el de querernos cada día más uno al otro, porque así nuestros hijos serán verdaderamente felices.

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