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Pagaronlos niños

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Los equipos infantiles del Racing Bonavista y de la Escola La Pastoreta tenían que medirse ayer a las 10.15 horas en el campo municipal de Bonavista. Era un partido amistoso. A la espera del inicio de la competición oficial, los dos entrenadores vieron una buena oportunidad para que los chavales de los dos equipos pudieran saciar la espera. No pudieron hacerlo víctimas de un conflicto abierto desde hace dos años entre los dos clubes del barrio tarraconense: el Racing, creado hace tres años, y la Cultural, con más de 40 años de historia. Tres años discutiendo a tres bandas:las dos entidades y el Ayuntamiento, propietario del campo municipal. Dos años de episodios a cuál más lamentable. Cuentan que tres equipos –un juvenil, un femenino y otro alevín– coincidieron al mismo tiempo en un cuarto estrecho reconvertido en vestuario. Cabría preguntarse, en primer lugar, por el inicio del conflicto ¿Era necesario fundar otro club? Si había problemas en la entidad histórica, ¿no era más lógico arreglarlos antes que huir hacia adelante? Y una vez creado el segundo equipo, con todo el derecho del mundo, ¿tan difícil es llegar a una convivencia entre vecinos? Lo preocupante es que no es el primer caso en Tarragona. En Camp Clar ha habido, hasta hace poco, una situación similar. En ambos casos, entre medio, la política, que ha aprovechado las desavenencias ciudadanas deportivas para jugar sus cartas. Otra cuestión es el modelo de gestión de los campos municipales, que están en manos de los clubes. Algunos se han acabado creyendo dueños de los mismos. Quizás va siendo hora de cerrar los cotos privados de caza. Los niños solo quieren jugar.

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