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Pan y fútbol

Jean Cocteau decía que la buena suerte es uno de los atributos del genio. No lo sé
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A los que nos parece impúdica la zarabanda de millones que acarrea la Liga es porque somos unos carrozas, más o menos enjaezados a la melodía de nuestro tiempo. No hay que reducirlo a la mocedad ni al de la juventud. Ni siquiera al de la madurez, que es un divino tesoro. Nuestros tiempos son todos mientras estemos vivos y ha regresado el fútbol para que algunos veamos el mapamundi como dos gigantescos balones del mismo modo que Ramón Gómez de la Serna lo veía como un par de huevos fritos. El talento incuestionable de los que inventaron el fútbol permite que los que más entienden no acierten jamás una quiniela millonaria. Nuestra Liga de las Estrellas quizá se denomine así porque juega mucha gente de otras galaxias, cosa que está muy bien pero que está bastante mal cuando juega la selección nacional. Los que hemos presenciado partidos y más partidos desde que empezamos a tener uso de balón hemos visto evolucionar las tácticas, las técnicas y las estrategias. Todo menos a los espectadores. Nuestro país es el único donde se pita al himno nacional. Para que esto no suceda hay que aumentar el presupuesto del Ministerio de Educación y esperar veinte años. El remedio es largo y la suerte de los campeones es variable, pero se parece mucho a la suerte de los colistas ya que se basa en el presupuesto. Jean Cocteau decía que la buena suerte es uno de los atributos del genio. No lo sé. Pero sé que para sospechar el grado de felicidad de alguien, aunque sea un hincha, no hay que reparar en lo que le divierte sino en lo que le entristece. Cuanto más insignificante sea lo que le aflige, más feliz será. Se necesita un cierto estado de bienestar para ser sensible a bagatelas. Varias cosas van mejor de lo que iban a pesar de transitar los mismos senderos. Se venden más coches que nunca y dicen que ha sido el agotamiento del Plan PIVE lo que ha impulsado las matriculaciones, no las ganas de fugarse. Cualquiera sabe. La primavera es algo zangolotina, pero hay días propicios para desear tener novia formal, capaz de enfadarse con quien prefiera ir al fútbol con sus amigos a decirle, una vez más, que su amor durará tanto como su vida. O sea, más que la Liga.

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