Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Papeleta clandestina

¿Y le importa a los partidos si el voto es oculto, o público, orgulloso o vergonzante?
Whatsapp

No hay lógica que entienda la presencia en las encuestas del hecho sociométrico llamado voto oculto. Ni en la acepción del encuestado que esconde su intención de votar a determinada sigla ni el que olvida deliberadamente el partido al que dio su papeleta en la anterior consulta. ¿Es normal que cientos de votantes se hagan trampas al solitario? Y no estamos hablando de admitirlo en una reunión de amigos o en la oficina. Estamos hablando de ocultarlo a un encuestador que no conoces ni vas a volver a ver en la vida. Es decir, en última instancia es como engañarse a uno mismo, caer en la amnesia voluntaria y ponerse colorado solo de pensarlo en la intimidad. ¿Yo voté a X?. No puede ser. ¿O quizás sí?. ¡Qué horror¡ Aunque también cabe ese comportamiento cínico de quien deliberadamente vota A y en su cada día se jacta de votar a B. No tiene lógica pero los recovecos del alma humana tampoco. Recuerdo en unas elecciones autonómicas del País Vasco a la salida del colegio electoral me hicieron «una israelita» y con todo el morro del mundo respondí: «A Eusko Alkartasuna». Que ahí tenía yo buenos amigos, pero no había sido mi papeleta ni de lejos. O sea, ¿para que hablar más?

Ocultar el voto será una simpleza, un absurdo o una gansada pero ahí está. ¿Qué pesa más en un votante? ¿Apoyar un partido con una abultada nómina de corruptos pero que es el tuyo de toda la vida o castigarle con el riesgo de que la sigla a la que nunca has podido ver salga beneficiada? A juzgar por los resultados de las últimas elecciones andaluzas muchos votantes socialistas ocultaron íntimamente su intención en las encuestas avergonzados por la corrupción, pero a la hora de la verdad, pudo más su aversión ‘a la derecha’ y como un geiser subterráneo el voto oculto surgió en las urnas y chafó todos los pronósticos. Así que encuesta tras encuesta cientos de miles de votos desaparecen como si nunca hubieran existido o se dispara una candidatura sin candidato, sin programa y sin pasado. De forma especialmente llamativa está ocurriendo en estos compases posteriores a las Europeas donde Podemos afloró un voto oculto que lo catapultó de un escaño en los pronósticos a cinco en las urnas.

¿Y le importa a los partidos si el voto es oculto, o público, orgulloso o vergonzante, clandestino o manifiesto? Para nada. Todo es bueno para el convento. Lo curioso en estos tiempos preelectorales es que tenemos a la vista los dos extremos. Por un lado los encuestadores han detectado que casi la mitad de quienes dieron su voto al Partido Popular sufre amnesia aguda cuando le preguntan. Y por otro, el partido emergente que ha adoptado aquello de: «seamos realistas pidamos lo imposible» se ha convertido en el líder de la intención de voto. Todo es un poco extraño y el PSOE anda más mosqueado que un pavo en Navidad porque teme que, al final, entre los dos le roben la merienda.

Temas

  • OPINIÓN & BLOGS

Comentarios

Lea También