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Paralizados por los problemas de la izquierda

Un pacto entre las tres izquierdas españolas hoy no parece posible sin que una absorba a la otra

Salvador Aragonés

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La parálisis política española se debe fundamentalmente al fraccionamiento e invertebración de la izquierda. Es evidente que si no hay gobierno en Madrid es porque el PSOE no quiere o no puede llegar a acuerdos ni con la izquierda, ni con la derecha. Con la derecha no quiere y con la izquierda, no puede.

La izquierda española se mueve entre dos almas: ser un partido de gobierno y su utopía populista y revolucionaria. El PSOE, en concreto, vive entre estas dos almas, pero el alma revolucionaria se la ha quitado, de momento, Podemos, junto con la izquierda independentista de Catalunya, País Vasco, Galicia, Valencia y Baleares.

En el Sur de Europa la izquierda ha vivido y vive acompañada de la utopía. También en Francia, como estamos viendo en estos momentos. Los franceses creían estar al margen del populismo de izquierdas, entre otras cosas porque tienen el peligroso populismo de derechas. Ambos plantean utopías, porque consideran que la vía del reformismo se ha agotado. Dicen lo mismo los independentistas –que se sitúan en la izquierda– en suelo español.

¿Por qué los independentistas se sitúan a la izquierda? Porque la izquierda es un totum revolutum donde no hay un claro sentido de ‘patria’ ni de ‘nación’, pues por eso le llaman ‘estado’, un ente político artificioso que no genera sentimientos de adhesión. Donde no hay ‘patria’ sino ‘estado’ la independencia es mucho más sencilla, porque la patria auténtica, la Patria (con mayúscula) es el territorio que quieren independizar del estado (con minúscula). Por eso, para el independentismo, del signo que sea, lo que importa es un gobierno de izquierdas en España. La derecha no aceptará nunca el independentismo, ya que esta tiene un sentimiento de ‘Patria’, y al igual que los independentistas, ‘Patria’ y ‘Nación’ vienen a identificarse creando un fuerte vínculo sentimental.

En estos momentos hay casi un empate técnico entre el PSOE y Podemos. Ambos quieren controlar la izquierda, la socialdemocracia establecida y la revolución, la cual tiene como nodriza ideológica la Revolución Bolivariana, y los indignados del 15-M.

Un pacto entre estas tres izquierdas españolas (la socialdemocracia, la revolucionaria y la independentista) hoy no parece posible, sin que una absorba a otra. Está claro que la socialdemocracia del PSOE no quiere pactos con el independentismo, bien arropado por la izquierda utópica de Podemos. Y Podemos no quiere dejar que el independentismo circule al margen de los cauces políticos que ellos han marcado.

Era fácil tener una izquierda formada por dos grupos: el socialista y el comunista, cualesquiera que fueran sus siglas electorales. Pero eso se ha roto y la izquierda está formada, desde hace unos años, por grupos y grupúsculos fraccionados, a los que es difícil vertebrar, porque cada uno tiene orígenes distintos y es hijo de su padre y su madre y heredero de conceptos revolucionarios de la historia reciente del siglo XX, desde la Revolución Rusa hasta nuestros días.

Pablo Iglesias, a pesar de sus esfuerzos y de sus importantes crisis internas, no consigue atraer al comunista Alberto Garzón. Ideológicamente son muy cercanos en los principios, pero no en la praxis. Garzón no encaja en la República Bolivariana, como Iglesias no encaja en las rigideces del ‘centralismo democrático’ del comunismo.

Pedro Sánchez ha ido a desgastar a Pablo Iglesias y a Podemos en todo este sainete político que hemos vivido desde el 20-D. Primero ha acordado un pacto con Ciudadanos, para tener sujeta la corriente socialdemócrata, y también como tabla de salvación ante las exigencias del bolivarismo español, así como para no sucumbir a los independentismos de todos lados.

Los vascos del PNV, como siempre, vigilando sus intereses, que dicen como todos los nacionalismos, que son ‘los intereses del pueblo vasco’. No son de izquierdas, ni mucho menos, no lo pueden ser porque sus políticas son muy conservadoras, pero para sus fines, que son mantener su mando fortificado en el País Vasco, prefieren que en Madrid mande esta izquierda deshilachada, visionaria y populista.

A los nacionalistas y a los independentistas no les interesa para nada la derecha española (en el fondo Ciudadanos tiene sus raíces en esa derecha), porque esta desde siempre una cosa tiene clara: la unidad de España y la defensa de unos valores y una historia que encaja con ‘la grandeza de España’ y eso choca con quienes quieren dar un cambiazo a la historia. No se trata de interpretar de modo distinto la historia, sino de cambiarla, para que España «no la conozca ni la madre que la parió», como dijo Alfonso Guerra antes de transformarse en un hombre guardián de las esencias del Estado.

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