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Partidos con las cuentas claras

La mala financiación de los partidos ha derivado en fórmulas oscuras que han dado pábulo al latrocinio puro y duro.

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El expresident de la Generalitat, Artur Mas, compareció ayer ante la Comissió d’Afers Institucionals del Parlament para dar explicaciones sobre la financiación de la antigua Convergència después de que los procesados del caso Palau, Fèlix Millet y Jordi Montull, aseguraran durante el juicio que la formación nacionalista, entonces en el poder, recibió comisiones a cambio de concesiones de obra pública. Artur Mas desmintió categóricamente estas acusaciones, puso en duda el cambio de versión de Millet y Montull tras un pacto con el fiscal para rebajar notablemente la petición de penas, pero reconoció que la financiación de CDC «rayaba la línea de la moralidad, pero no de la legalidad». El proceso judicial determinará el grado de ilegalidad que pudiera producirse, pero en términos políticos las responsabilidades ya han sido substanciadas y penadas. CDC ha desaparecido, sus líderes históricos están en los banquillos o en el ostracismo y los actuales dirigentes de la nueva formación surgida de las cenizas están terminando de barrer el pasado, entre el cual también cabría incluir a Artur Mas. Pero sería injusto centrar la oscura financiación de los partidos en CDC. Los socialistas también pasaron por el banquillo por el mismo problema que igualmente acucia todavía al PP. Los partidos necesitan recursos para funcionar y el hecho de no querer reconocerlo ha derivado en alternativas oscuras que han dado pábulo a los Millet, Montull, Bárcenas...

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