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Pasar la ITV

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Mi vehículo de cuatro ruedas tiene más de dos décadas, por lo que una vez al año toca pasar la Inspección Periódica Obligatoria, cosa que la hago con auténtico desasosiego pues a pesar de que no tengo motivos debido a que antes de ir, en contra de lo que se suele hacer, paso por el taller para su puesta a punto y no tener que volver.

Nunca acierto el carril por donde entrar, siempre se adelantan los que están detrás de mí en el mostrador presentando el papeleo. Se inicia el examen. El operario comienza a darme instrucciones y yo a no saber dónde se encuentra lo que me pide, los intermitentes, abrir el capón, freno de mano y todo lo demás. Sin darme cuenta su brazo se va extendiendo por todo el tablero de instrumentos. Yo me dejó guiar, que otra cosa puedo hacer. Llega el momento que me pide que apriete fuerte el freno a lo que le contesto que no se puede porque mi automóvil es automático. La mirada del profesional es todo un poema, yo me quedo sin respiración al mirarlo. Entonces con toda la educación del mundo me invita a salir del vehículo y me propone que le espere a la salida.

Obedezco sin rechistar y pienso «qué habré dicho». Al instante sube por todo mi cuerpo un gran soponcio, me doy cuenta que no es el freno el que es automático, sino el cambio de marchas. No soy capaz de expresar en ese momento mi bochorno y culpabilidad. No me atrevo a pensar lo que el profesional puede opinar de mí, además de creer que soy un auténtico peligro para los demás. Motivos le di.

En mi favor puedo afirmar que, en mi larga vida de conductora, nunca he tenido un accidente.

Visitación Juárez Laiz

(Tarragona)

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