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Pensiones sin alternativa

Disfrutamos de un modelo magnífico sin alternativas y que debe mejorarse

Antonio Papell

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Durante años, algunos economistas conservadores cantaron las excelencias del sistema de pensiones que José Manuel Piñera Echenique, a la sazón ministro de Trabajo y Previsión Social del régimen de Pinochet, había creado en Chile en 1980.

En síntesis, Piñera promovió la privatización del modelo estatal, dejándolo en manos del sistema financiero privado, que capitalizaría las cantidades aportadas por trabajadores y empresas.

La propaganda oficial aseguraba que, por aquel método, los trabajadores chilenos no percibirían un descenso en sus retribuciones al dejar de trabajar puesto que la pensión sería equivalente al salario.

Por si acaso, los militares quedaron fuera de la innovación y mantuvieron el salario íntegro al jubilarse.

Hoy, la situación de los mayores en Chile es dramática. La pensión media es de 270 euros al mes, por debajo del salario mínimo, que alcanza los 346 euros. Según una comisión asesora impulsada por la presidenta Bachelet, socialista, en 2014, el 79% de las pensiones está por debajo del SMI y el 44% ni siquiera supera el umbral de la pobreza.

Según una fundación chilena, la mitad de las personas que cotizaron a lo largo de entre 25 y 33 años se va a jubilar con una pensión inferior al 21% de su salario.

Como contrapunto, los administradores de fondos de pensiones (AFP) duplicaron sus beneficios entre 2010 y 2015 y los aumentaron un 71,4% en los primeros nueve meses de 2015 respecto al año anterior. Ahora Chile, de la mano de Bachelet, se dispone a promover una gran reforma, que presumiblemente devolverá las pensiones a la esfera pública.

Como es conocido, nuestro sistema de pensiones es público y de reparto.

El Estado se responsabiliza de recaudar mediante cuotas y lo distribuye entre los pensionistas de acuerdo con un modelo gestionado por consenso en el seno del llamado Pacto de Toledo.

En la actualidad, los efectos de la crisis obligarán al Estado a financiar con cargo a Presupuestos una parte de estas obligaciones.

Sin embargo, nuestros pensionistas pueden vivir tranquilos gracias al esfuerzo colectivo de toda la ciudadanía.

Disfrutamos de un modelo magnífico que no tiene alternativas y que debe mejorarse para garantizar a largo plazo su sostenibilidad. En que lo logremos reside gran parte de la idea progresista de civilización.

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