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Penúltima oferta

Los duelos sin pan son especialmente graves, pero sin refrescos son insoportables

Manuel Alcántara

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El voluntarioso Pedro Sánchez, inasequible a desalentarnos, sigue prometiendo. Antes de cerrar el kiosco nos ha ofrecido más de 200.000 empleos en el sector público si es que llega a la presidencia del Gobierno, cosa que no está clara, pero que sus adversarios ven color de hormiga. Siempre ha habido soñadores para un pueblo adormilado harto de fanodormo y de contar ovejitas unánimes, confundiéndolas con afiliados. Hay que admirar a las personas de alguna fe, sobre todo cuando la mayoría de los líderes políticos no tienen ninguna. El bueno de Sánchez destinaría un total de 3.600 millones a generar trabajos temporales en dos años. Lástima que omita cómo va a disponer de esa cantidad, pero ese detalle no impide que la promesa sea sugestiva. Los españoles hemos aprendido dos cosas en los largos tiempos de la crisis: que prometer no empobrece y que los prometedores nunca son pobres.

La renta media familiar ha caído un 0,2% pese a la presunta mejoría económica. Quiere decirse que todavía quedamos algunos que nos podemos ganar el pan y el aperitivo trabajando diariamente, unos veinte años después de tener derecho a la jubilación. Peor están en Venezuela, que era riquísima cuando yo la recorrí de punta a punta, demorándome en la comarca del Táchira, que ha dado los mejores dictadores antes de que aparecieran los caudillitos y que se suspendiera la producción de Coca-Cola por la falta de azúcar. Los duelos sin pan son especialmente graves, pero sin refrescos son insoportables en los países calientes donde la renta media es difícil de medir porque está partida por la mitad. ¿Qué pasará con los sistemas populistas cuando no cuenten con el pueblo? Hace una semana, más o menos, nuestro ministro de Asuntos Exteriores en funciones, José Manuel García-Margallo, ordenó al embajador español regresar a Caracas para apoyar en sus necesidades a los 400.000 españoles que viven allí. Ahora nuestros líderes están dando una vuelta por turno, casi siempre para respaldar el revocatorio contra Maduro, que ya empieza a oler a podrido. Vivir para ver y para contemplar cómo las ofertas van y vienen.

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