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Permitido prohibir

Jean Cocteau se murió convencido de que los límites están hechos para saltárselos
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El ministro de Justicia, Rafael Catalá, no sólo no descarta la posibilidad de multar a los medios que publiquen sumarios, sino que los anima a abstenerse. En su opinión, publicar algo, previamente verificado, puede destrozar la presunción de inocencia, así que lo mejor es no decir ni mu, que las paredes oyen y además son chivatas y les gusta contarlo. La mejor definición de dictadura, de autor anónimo, es la que dice que es el sistema donde todo lo que no está prohibido es obligatorio. Por fortuna, esa época está lejana, aunque persistan sus secuelas.

A mucha gente lo que más le gusta es prohibir. Incluso en lo que nos importa, no digamos en asuntos que nos traen sin cuidado.Quizá por eso el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha avalado que a los gays no se les permita donar sangre. Son ganas de confundir el culo con las témporas.

El maltrecho PSOE consentirá acuerdos de investidura con Ciudadanos, Podemos, IU y otros partidos, pero no con Bildu y PP. En algún lugar hay que detenerse, que ya sabemos todos que el tacto de la audacia consiste en saber hasta dónde se puede llegar demasiado lejos, como hizo en ocasiones Jean Cocteau, que se murió convencido de que los límites están hechos para saltárselos. Nadie me puede prohibir, a mi edad, que me quede una noche sin dormir viendo desde el ring-side del sofá el combate del siglo, que debiera llamarse «el negocio del siglo». Hubiera sido mucho mejor en caso de programarlo hace cinco años, cuando Mayweater y Manny Pacquio tenían una edad más propia para discutir con los puños, pero el esperado lance es indiscutiblemente una obra maestra de la publicidad. Está permitiendo que escriban de boxeo los que no tienen ni idea del llamado noble arte, que en realidad es el arte de quitarse el hambre a guantazos. ¿Ganará el bueno o el malo? Los dos son buenísimos y la plusmarca económica será, como siempre, para el promotor.

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