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Perseguir el fracaso

La huelga del metro de Barcelona ha supuesto un descrédito para Ada Colau

Manuel Alcántara

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El objetivo final parece que es llegar a no entenderse y los partidos políticos avanzan hacia él, con la fe ciega en la derrota. Se han abierto las exclusas del odio, que siempre han estado mal cerradas, porque hubo quienes se dejaron las rendijas suficientes para seguir respirando su aire putrefacto. Nos dejó dicho Kipling que hay que mirar el éxito y el fracaso como a dos impostores, pero todos desean verle su alternativo rostro al primero de ese dios bifronte. Además, hay quien se saltaría un ojo para ver con el que le queda a su rival ciego, ya que cree que es su enemigo. Oír el telediario o comprar cualquier periódico –yo me compro cuatro todos los días– equivale a chapotear en el barro, pero la culpa no es de esos notarios del presente que son los periodistas. Deben mirarlo todo sin perspectiva, lo que exige ser historiadores de lo inmediato. También hablar de muchos pringaos cuidando de no mancharse. Ya sea de Rita Barberá o de Rita Maestre.

Ahora la huelga del metro de Barcelona ha supuesto, además de su desastre ciudadano, un descrédito para Ada Colau, que contraatacó a los huelguistas haciendo públicos sus salarios. Sin duda, lo que pretendía esta discutible Ada madrina era echarles encima a la afición, ya que hay muchos barceloneses que ganan menos que los trabajadores de TMB. Mal asunto eso de andarse siempre con comparaciones, ya que lo normal es que ambas partes comparadas salgan perdiendo y se enemisten con los sindicatos. Nos llevamos muy mal todos mientras Podemos cede, el PSOE negocia con Ciudadanos y Rajoy con los que eran suyos y quedan en el PP. Hay muchos inflexibles porque en España los duros de corazón terminan siendo duros de espinazo y no se rinden ni ante la evidencia. Prefieren mantener las espadas en alto, aunque estén en su panoplia y lo que es peor: sin darse cuenta de que ya ni pinchan ni cortan. Las han usado mucho contra sus posibles cómplices.

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