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El último mes de vida de mi padre ha transcurrido en Curas Paliativas del Hospital de la Santa Creu de Jesús. Ha sido durísimo para nosotros acompañarle, despedirle de una vida en la que aún tenía cosas por hacer, enseñanzas que ofrecernos, momentos de sabiduría y bondad que regaló con generosidad en todo su trayecto vital.

Perder un referente así es algo más que perder un padre, un esposo o un familiar, es pisar un páramo del que saldremos con el tiempo y su recuerdo. Tan gran dolor, el mayor de nuestras vidas, ha sido más tenue, más soportable, gracias a la atención recibida por los profesionales que nos han ayudado en esta travesía: médicos, enfermeras, auxiliares, fisioterapeutas, celadores, encargados de la limpieza, cocina... en fin. Nos hemos sentido acogidos, comprendidos y bien tratados. Siempre ha habido alguien dispuesto a atender las mínimas necesidades de mi padre o de los acompañantes; si había que mover la cama mil veces, pues se movía, si queríamos un zumo, o una sopa, o una ducha, o... y todo con una sonrisa amable, con infinita paciencia y con el máximo respeto.

Lo más doloroso para mi padre fue la dependencia progresiva, el miedo a perder la dignidad, y por eso agradecemos todas las veces que le han pedido permiso antes de pincharlo, o moverlo, o curarlo, aunque todos sabíamos que era imprescindible. O las mantas aunque no hiciese frío. O las bandejas «extra» para mi madre, que vivía allí. O los cambios de cables para poder acercar más la butaca a la cama, y cogerle la mano. Y la información pausada, repetida hasta la saciedad si era necesario, la empatía y la tristeza compartida. No es un trabajo. Es algo más. Siempre estaréis en nuestro corazón.

Familia de Manuel Martínez Brey

(Tortosa)

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