Opinión Viento de Poniente

Personas invisibles

JAVIER DÍAZ

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Personas invisibles

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Tarragona, dos de la tarde. La cola de clientes de una pastelería llega hasta la calle (con distancia de seguridad). Hay trasiego de roscones de Reyes. Es el día de este dulce. Al lado de la entrada hay una mujer de mediana edad con la mano extendida pidiendo: «una ayuda, por favor». La gente de la cola, ni la mira o, al menos, lo disimula bien. Los transeúntes que pasan junto a ella por la acera, lo mismo. Pasa desapercibida. Es como si fuera invisible. Un hombre pasa acelerado mirando el teléfono móvil, la droga de nuestra sociedad, y le niega su ayuda con la cabeza. Ni aminora la marcha ni prácticamente la mira. Whatsappea. Dobla la esquina y cincuenta metros después para y recapacita. Da media vuelta, la saluda y le entrega unas monedas. «Gracias, señor». Es un gesto de humanidad, de empatía, que espera le sirva para cumplir alguno de sus propósitos del día. Aunque sea poca cosa.

Al hombre le aguarda en casa su familia para darle los regalos de Reyes. Esa mujer anónima no creo que tenga la misma suerte. Se quedará un buen rato más en la calle pasando frío, y seguramente vergüenza, ante la indiferencia del resto. Supongo que todos pensamos que nunca nos veremos como ella, mendigando. Pero cuidado, durante la pandemia se ha disparado el número de familias que recurre a entidades sociales para poder subsistir. «No somos conscientes de la gente que vive al límite, ahora vienen personas que nunca habían pedido ayuda», aseguran voluntarios de Cáritas en Tarragona. Tengámoslo en cuenta porque con la crisis económica que se nos avecina nadie está libre de un descalabro.

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