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Petricor

La pérdida de olfato, en algunas ocasiones, se puede llegar a agradecer, sobre todo en verano

Emilio Mayayo Artal

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Petricor

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La mayoría de lectores desconocen el significado de la palabra que titula la presente tribuna. He de reconocer que la primera vez que la oí me pasó lo mismo. Suelo poner la radio cuando realizo mis viajes cotidianos, me acompaña y además de oír música relajante, me entero de las noticias. De vez en cuando retengo en mi memoria cosas que me llaman la atención, cada vez menos por la pérdida fisiológica de neuronas o por el hastío de lo repetitivo. La palabra que nos trae a colación, se me quedó grabada por su curiosidad, o eso me parece a mí.

Es una curiosa palabra de crucigrama que no se suele oír habitualmente. El primer significado que uno piensa o deduce para esta palabreja es “corazón duro” o bien tener el corazón de piedra. Nada parecido. Es un significado casi poético y personalmente me parece romántico, aunque todavía no la haya aceptado el RAE. “El olor a lluvia en tierra seca”

Podemos enfocar las siguientes líneas en que no todo significa lo que en principio parece. Es casi el dogma de la política a la que nos someten los políticos actuales, un juego de trileros. Pero, no voy a caer en hablar de política o de los políticos, ellos se lo guisan a su gusto y a nosotros nos dan lo de siempre, recortes y sinsabores de boca. Cómo estamos en verano, seguiremos con los olores.

Es bien conocido que el olfato humano puede reconocer en condiciones fisiológicas 10.000 olores diferentes. En medicina y en otras ciencias, siempre se suele hablar de patología cuando hay un exceso o un defecto de lo habitual. Así, hay personas que disponen de un olfato superfino y muy desarrollado que pueden apreciar muchos más olores y estos con mucha precisión. Para ello basta con recordar el magnífico libro de Patrick Süskind “El perfume”. El principal protagonista de la historia, Jean Batiste Grenouille, posee un don y este es su olfato. Mediante este sentido puede percibir olores que los demás no pueden. En la búsqueda del perfume perfecto llega a cometer diversos asesinatos de mujeres jóvenes para expropiarles sus esencias naturales y al final conseguir su objetivo de elaborar el perfume perfecto, objetivo que le lleva a su muerte.

La carencia parcial de olfato es la hiposmia, pudiéndose producir también una ausencia total de olfato o anosmia. De ello ya hablamos en una anterior tribuna (23 de diciembre de 2013). Lo más importante de este sentido es que es el único que está activo las 24 horas del día. Inclusive cuando dormimos está activado y podemos percibir el olor a gas o bien olor a humo y nos puede evitar un disgusto o bien la muerte. El sentido del olfato siempre está activo, siempre está alerta. Sin embargo, de forma fisiológica, con el paso de los años se van perdiendo capacidades y es habitual que la senectud nos traiga, entre otras, la pérdida de olfato, que en algunas ocasiones se puede llegar a agradecer, sobre todo en verano.

Pero, volvamos por nuestros pasos. En 1964 aparece en la prestigiosa revista Nature un artículo firmado por Isabel J. Bear y Robert G. Thomas, geólogos australianos, que acuñan la mencionada palabra petrichor. Es la fusión de dos palabras griegas, petros que es piedra e ikhor que es componente etéreo. Ichor también se refiere a la esencia que corre por las venas de los dioses en lugar de sangre. Sus descubrimientos les llevaron a detallar un aceite exudado por ciertas plantas durante los periodos de sequía. Este aceite bloquea la germinación de las semillas e impide se pierdan cuando la tierra está seca. El aceite queda fijado en las superficies de las rocas y junto a la geosmina (aroma de tierra), un alcohol producido por actinobacterias gran positivas, sobre todo Streptomyces coelicolor, se liberan en forma de aerosol cuando las gotas de lluvia suave caen sobre las tierra seca. El resultado de esta complicada reacción química es el olor característico que todos o casi todos podemos percibir tras la lluvia.

Mucho se podría hablar y se hablará de la geosmina y de sus características. Es el gran problema de los buenos vinos, cuando aparece el olor a moho significa pérdida de calidad y enmascarar las características de un buen producto con la consecuente ruina de la cosecha. Por contra, es la vida para los camellos, ya que detectarla por medio de su fino olfato significa agua y en las zonas desérticas el agua es vida.

Ahora, cuando disfrutamos del verano, muchos de las vacaciones, cuando el olor a sal, al yodo del mar o bien del bosque, de la montaña, del ozono, también del sudor del de enfrente, del de al lado, del tráfico saturado, de las aglomeraciones, de los calores, pretendo que no olvidemos nada de lo que ocurre y hay que activar el olfato y todos los demás sentidos. Si la producción de un simple olor a tierra mojada puede ser tan y tan complejo, más lo es el paso de los olores por nuestras fosas nasales, el ser percibidos por sus células especializadas, transportados por el nervio olfatorio hasta el cerebro, sintetizado y catalogado para dar las respuestas que al final apreciamos. Un mundo químico-fisiológico peculiar y que si lo desconocemos lo encontramos sencillo, casi banal –huele a tierra mojada-.

Sin duda alguna, es la ciencia y sus avances la que nos llevan al conocimiento de las cosas por muy simples que parezcan. Esto siempre significa progreso para la humanidad. Que nadie lo olvide, por si acaso.

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