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Petróleo y deflación

El derrumbe del precio del petróleo ha contribuido a la deflación. Pasamos de un crudo prohibitivo a otro demasiado barato
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La caída brutal de los precios del petróleo obedece sin duda, en líneas generales, a la ley de la oferta y la demanda: al decaer ésta -sobre todo por la atonía de las potencias emergentes, el efecto de las nuevas energías limpias, etc.- e incrementarse la demanda por la proliferación del fracking, se han desplomado los precios. Y seguirán cayendo -o no- hasta que se alcance el punto de equilibrio, la intersección de las curvas de oferta y demanda con relación al precio. La caída de los precios tiene un efecto ambivalente: beneficia a los países consumidores, perjudica a los productores y a las empresas petrolíferas extractivas. En cualquier caso, la volatilidad de los precios genera una incertidumbre que no es buena para la actividad productiva, que prefiere las certezas, lo previsible. Y hoy nadie sabe qué va a ocurrir mañana: diríase que estamos bajo el imperio arbitrario de los mercados. La pregunta es si no sería posible actuar sobre los mercados para controlar sus excesos y ofrecer a los agentes económicos una cierta estabilidad. Para no pasar, en definitiva, del petróleo prohibitivo, que perturba a muchas economías, al petróleo demasiado barato, que coloca a otras en situación desesperada. No se trata de pedir la intervención de los mercados sino de recurrir a la negociación y al pacto para fijar las grandes variables de la macroeonomía. ¿O seguimos pensando que la política no puede sobreponerse a la economía?

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