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Pisar el hormiguero

Es grave que en España haya muchísima gente que no pueda vivir con lo que le pagan

Manuel Alcántara

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No sólo España y otros países están abriendo investigaciones sobre Panamá, sino que otras naciones lo están haciendo sobre nosotros. Los papeles revelan delitos, pero son combustibles y el olor a papel quemado sólo lo puede detectar Hacienda y, si acaso, ya que hay muchos, la Audiencia Nacional. En eso estamos, pero llevando mucho tiempo estando. Dicen que abril es el mes más trágico del año, porque lo dijo un poeta egregio, pero también los líricos más memorables dicen tonterías, mientras cae la lluvia minuciosa, que según Borges es algo que sucede siempre en el pasado. ¿Cae o está cayendo? El caso es el que nos está mojando mientras hablamos de la repetición de las elecciones como si fuese la repetición de las estaciones. ¿Cuál es el más temible mes del año? Todos lo son, especialmente para los parados y para los refugiados, que no pueden parar en ninguna parte. Nosotros estamos enredados en asuntos internos, que si bien se mira son también exteriores, como los que afectan al gran Leo Messi, titular indiscutible del Barça y titular de una sociedad que aparece en los ‘papeles de Panamá’.

Europa deporta a 200 refugiados al día, pero entran 340. No nos salen las cuentas hospitalarias. ¿Dónde estará el mejor sitio para vivir, aunque por nuestra mano no tengamos cavado un huerto? Los organismos internacionales advierten sobre la dudosa legalidad de las expulsiones colectivas, que obligan a tener vocación de nómadas a los que han nacido en un sitio determinado por la geografía y la historia, pero que podría ser otro. Se es de donde se nace, pero sobre todo de donde se pace. Lo más grave es que en España haya muchísima gente que no pueda vivir con lo que le pagan por ganarse la vida. Los sueldos de los becarios parecen propinas, como dice Almudena Grandes. Gracias a ellos y a sus desgracias económicas estamos sorteando la crisis. Lo único que podemos hacer es desearles que lo antes posible dejen de ser becarios y los sustituyan otros. Entre nosotros eso de ser contemporáneos siempre ha sido una broma de pésimo gusto.

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