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Podemos no va a poder

Hoy casi cabe anunciar que Albert Rivera ha derrotado a Pablo Iglesias
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Las encuestas muestran un agotamiento de la inercia epatante de Podemos a lo largo del último año vertiginoso. Ya no hay efecto efervescente e incluso pierde altura, como un globo aerostático pinchado a pesar del helio del descontento. Les pesa, claro, el desgaste por algún asunto turbio; pero sobre todo el discurso light -’leninismo 3.0′- para cubrir hasta el centro como otro ‘catch-all party’ de amplísimo espectro. Tras las europeas incendiarias, doblaron rápido al 15%, en otoño hasta el 20%, luego el 25%… pero Ciudadanos ha cortado ese desplazamiento transversal. En su ‘viaje al centro’, reproduciendo la táctica de la derecha aznarista, Podemos había llegado incluso a la frontera del PP quitándole votos; pero ha sido ahí donde Ciudadanos les ha frenado hasta hacerles retroceder.

Esa ha sido la línea Maginot; y hoy casi cabe anunciar que Albert Rivera ha derrotado a Pablo Iglesias. Vale, vale, quedan meses y esa «máquina de guerra electoral» de Errejón reaccionará, pero la clientela de Podemos desfallece y la cúpula ya asume que el sistema se ha vacunado contra ellos con Ciudadanos para neutralizar sus anticuerpos amenazantes ante la crisis del bipartidismo. Incluso de ser cierto, tendría su lógica: es absurdo pensar que viéndose desafiado, el sistema renunciaría a defenderse. Podemos había llegado a sembrar sucesivamente fascinación, desconcierto y pánico. Podemos trata de recomponer su discurso de máxima transversalidad, pero ya con menos margen. Sus orígenes ultraizquierdistas son muy transparentes, sin tener que remontarse al grupo fundacional Contrapoder inspirado en Negri incluso con el atuendo de los ‘tute bianche’; pero al menos sí desde su puesta de largo en enero de 2014 con el manifiesto ‘convertir la indignación en cambio político’.

Toda su estrategia se ha basado en negar el eje horizontal izquierda-derecha, y plantear un eje vertical: la casta contra los ciudadanos, la oligarquía contra el pueblo, los de abajo y los arriba. Son expertos en comunicación -Podemos emana de un plató, Iglesias dirá «la televisión es a la política lo que la pólvora a la guerra»- pero han vaciado su programa. Es la paradoja: a medida que han hecho un discurso más realista, su mensaje ha resultado menos atractivo.

Sí, son buenos, pero la realidad se impone: la situación no está para revoluciones; puede haber voto de cabreo en unas europeas descomprometidas, pero no en casa; y sobre todo quienes compartían el diagnóstico de Podemos, parecen más lejos de compartir sus soluciones. No es un éxito de la casta, sino de la realidad. Por eso Ciudadanos ha cortado su acceso al centro generando el empate a cuatro. Ahora Pablo Iglesias carga contra Rivera, a quien (des)califica de recambio, y no cambio. En realidad ha sido su némesis para ‘asaltar el cielo’, abocándolo al purgatorio de los pactos.

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