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Polarización política

Las recetas extremistas han tenido una reiterada ineficacia histórica

Enrique Arias Vega

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No parecen, éstos, tiempos de moderación política, sino todo lo contrario.

En el partido republicano de EEUU arrasa un extremista tan pintoresco y deslenguado como Donald Trump, mientras que entre los demócratas el radical Bernie Sanders pisa los talones de Hillary Clinton. La elección de alcalde de Londres, a su vez, no ha tenido lugar entre dos centristas, sino que los electores hubieron de optar entre Sadiq Khan, a la izquierda, o el ultraconservador Zac Goldsmith, a la derecha.

De todos es sabido, por otra parte, la ascensión de los partidos de extrema derecha en países tan próximos a nosotros como Francia, Holanda, Austria, Hungría…

Supongo que esta radicalización de los ciudadanos de los países democráticos es fruto del descontento (económico, social, ideológico…) y de la falta de soluciones para remediarlo que parece exhibir el actual sistema político.

Algo de eso sucedió no hace tantos años en los países de América Latina y ya ven el desastre que ha cosechado la alternativa chavista en Venezuela, la derrota que ha conseguido Cristina Fernández de Kirchner en Argentina y el freno que han puesto los bolivianos a la pretensión de Evo Morales de eternizarse en la presidencia. Paradójicamente, sólo un trágico terremoto le permite a Rafael Correa aguantar aún al frente de Ecuador.

Me temo, sin embargo, que el fracaso de esas experiencias no frene la eclosión del populismo, de derechas y de izquierdas, que se está produciendo en los países económicamente más desarrollados. La reiterada ineficacia histórica de las recetas extremistas, además, hará que al final resulte muchísimo peor para los sufridos ciudadanos el remedio que la enfermedad.

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