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¿Por qué cierra el Cervantes de Gibraltar?

Los únicos que se han alegrado de la marcha del Cervantes son los de Joe Bossano
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No ha habido más explicaciones: el Ministerio de Exteriores ha decidido cerrar el Instituto Cervantes de Gibraltar con el peregrino argumento de que en la Roca “todos hablan español, salvo los simios” (García Margallo). Lo cierto es que en esta institución estudiaban 4.000 gibraltareños al año, de una población de 30.000 personas. Su papel no ha sido por tanto irrelevante. El Cervantes se ubica, además, en un céntrico caserón propiedad de la adinerada familia gibraltareña Gaggero, de remoto origen italiano, que no cobraba alquiler alguno al Estado español porque entendía que la institución llevaba a cabo una actividad beneficiosa para ambas partes -España y Gibraltar- ya que contribuía a crear confianza. Los diez profesores y el escaso personal administrativo del centro se han financiado de sobras con las matrículas de los alumnos, por lo que tampoco hay una razón económica para justificar el cierre. Y en cuanto a la utilidad, pocos la niegan ya que, con la globalización, Internet y las televisiones por satélite, el español se va perdiendo en la Roca, pese a la contigüidad de la colonia con España.

Cuentan las crónicas que los únicos que se han alegrado de la marcha del Cervantes son quienes se opusieron a su llegada, encabezados por Joe Bossano, el líder laborista y ex ministro principal del Peñón que siempre ha sido partidario de la mano dura con España. En definitiva, el gesto parece un alarde de torpeza, uno más en la interminable secuencia de sinrazones que ha caracterizado históricamente la política española con Gibraltar.

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