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Opinion EDITORIAL

Por una Tarragona más limpia

Los vecinos piden un plan de choque para acabar con el aspecto de dejadez que ofrecen las calles tarraconenses

 

Diari de Tarragona

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La huella de los perros añade disgusto al malestar vecinal por la suciedad de Tarragona.

La huella de los perros añade disgusto al malestar vecinal por la suciedad de Tarragona.

La percepción mayoritaria de los ciudadanos de Tarragona es que la ciudad está sucia. Así lo expresaron ayer los representantes de la Federació d’Associacions de Veïns de Tarragona que se reunieron con los responsables de limpieza del Ayuntamiento y la empresa Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), responsable de la recogida de residuos de la ciudad. Los reunidos acordaron que a partir del próximo lunes, FCC mantendrá reuniones con cada asociación vecinal para recoger las quejas y «poder tratar los problemas de manera concrreta». La FAVT ha exigido un «plan de choque» para abordar en profundidad el problema. También quieren conocer los planes que aplica la empresa para llevar a cabo su cometido. La limpieza urbana es uno de los aspectos más valorados en cualquier ciudad. La limpieza es lo que más se percibe de forma inmediata, nada más salir de casa. Sin embargo, nada parece tan difícil como mantener limpias las calles de una ciudad, el espacio público por el que circulan cada día miles de personas, vehículos y animales. Donde hay una ciudad con las calles limpias surge inmediatamente la cita ejemplar. Obvia citar Oviedo, un prodigio de pulcritud donde se puede comer en el suelo de cualquier rincón. El mérito del que puede presumir la capital asturiana no se ha logrado por casualidad. Concurre un conjunto de factores, desde el clima con las constantes lluvias limpiadoras, a un constante servicio de mantenimiento y, sobre todo, una educación cívica impecable en la que cada ciudadano se erige en responsable de la limpieza de su propia ciudad. Circulando por Oviedo no hay valor de tirar un papel al suelo, ni una colilla, ni cualquier residuo por pequeño que sea que pueda mancillar la pulcritud de la última baldosa. Los propios viandantes actúan de policía para recriminar al infractor su actitud incívica. De este proceder responsable deberíamos aprender los tarraconenses porque, como sucede a nivel personal, no es más limpia la ciudad que más limpia, sino la que menos ensucia.

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