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Por votar que no quede

El nuevo año terminará con un mapa político bastante diferente
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Vamos a tener un año, el recién inaugurado 2015, a tope electoral. Será, puede anticiparse ya, un año políticamente animado. Y que sea para bien, habría que añadir. Hay muchos problemas sin resolver, empezando por esta pertinaz crisis que tanto agobia, así que por votar que no quede. La democracia por suerte abre puertas de esperanza que deben ser aprovechadas. Lo malo es que tantas elecciones como se anuncian o se perfilan puedan acabar cansando y muchos votantes cometan el viejo error de abstenerse creyendo que votar no sirve para nada.

Las elecciones autonómicas en trece comunidades y municipales en todos los ayuntamientos, además de las destinadas a la renovación de los cabildos insulares, estaban previstas por imperativo del calendario constitucional desde hace años. Además, hace mucho que se vislumbran en el horizonte las generales, que previsiblemente no agotarán el límite del plazo legal, ya en los comienzos de 2016. Y las catalanas, anunciadas con inhabitual anticipación después del acuerdo obtenido con fórceps para finales de septiembre por los líderes de CiU y ERC.

Pero por si fuese poco y la agenda dejara algún hueco para tomarnos algún fin de semana sin tan importante compromiso como es el de votar, han venido también a pronosticarse elecciones anticipadas en Andalucía donde, por lo que se escucha, la nueva presidenta, Susana Díaz, no consigue hacer carrera con sus socios de Izquierda Unida, tan habituados a las disputas internas que ensayan en el propio partido de forma crónica y tan predispuestos a reproducirlas en el marco de los gobiernos de los que forman parte. La señora Díaz, estrella emergente del socialismo, además de estar harta, seguramente quiere aprovechar la coyuntura favorable que le auguran las encuestas.

Lógicamente las elecciones en Andalucía, autonómicas, municipales y catalanas mostrarán tendencias de trasvases de votos infrecuentes en las generales. Por primera vez en lo que llevamos de democracia, el resultado no va a ser seguramente tan tradicional como nos tenía acostumbrados. Al deterioro de la imagen del PP, el principal damnificado por la crisis, se une la escasa capacidad de reacción que muestra el PSOE y, sobre todo, la aparición en escena de Podemos, el partido populista de los cabreados por la situación, que son muchos.

Los sondeos ofrecen pronósticos tan variados como poco creíbles con tanta anticipación. A lo largo de los próximos once meses van a ocurrir cosas que sin duda influirán en la voluntad y estado de ánimo de los votantes. Ahora mismo todo es imprevisible, lo que puede resultar tan ilusionante como preocupante según cada cual. Lo que sí se puede anticipar es que el nuevo año seguramente terminará con un mapa político de nuestro país bastante diferente del que tenemos actualmente. Como dicen en los pueblos, que sea para bien.

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