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Pregones desde el balcón

ANTONI COLL I GILABERT

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ANTONI COLL I GILABERT

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He asistido a pregones festivos de pueblos e incluso pronunciado algunos. Los más auténticos son desde el balcón municipal. La gente está abajo hablando, los niños juegan, y el pregonero alza la voz para que se le entienda algo.

En uno era costumbre que al final el pregonero encendiera la mecha de un cohete gigantesco. Me asusta la pólvora, pero me quedé sin escapada en el pequeño balcón con autoridades cerrándome el paso por atrás. El cohete se elevó un poco y estalló con gran estruendo.

He pensado en ello al ver, en la fiesta de Gracia, que Ada Colau lloró por ser silbada y no poder hablar. Los que exigen libertad de expresión no la dejaron. Jordi Cuixart, el pregonero, acudió en su rescate. 

La intransigencia es peligrosa como la pólvora.

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