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Pringada y Pringado

La economía marroquí se ha visto afectada por los graves daños causados por el virus, entre otros la caída total del turismo que significa una de las principales fuentes de ingresos
 

JAVIER FERNÁNDEZ ARRIBAS

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JAVIER FERNÁNDEZ ARRIBAS

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Las tres elecciones que se van a celebrar este miércoles en Marruecos tienen un carácter extraordinario por coincidir los comicios parlamentarios, regionales y locales. Las tres administraciones representan intereses muy concretos de cara a los ciudadanos por las diferentes expectativas que deben cumplir. 

El poder local y regional tiene una trascendencia notable en el día a día de los marroquíes, aunque las decisiones del rey Mohamed VI y su entorno de poder representado en sus asesores y en los ministros de soberanía (Interior, Defensa, Asuntos Exteriores y Asuntos Religiosos) representan los cambios más profundos en el proceso de modernización y progreso emprendido por el monarca alauí desde su llegada al trono.

El impulso en las nuevas infraestructuras, la renovación del sector público, la creación de un nuevo modelo de desarrollo que evite la desigualdad y la unidad nacional territorial son medidas que se han ido desarrollado desde el mes de octubre de 2019 pero han chocado frontalmente con la crisis por la pandemia del coronavirus. La economía marroquí se ha visto afectada por los graves daños causados por el virus, entre otros la caída total del turismo que significa una de las principales fuentes de ingresos.

Los sondeos apuntan a cierto desgaste del candidato islamista y actual primer ministro, Saaddine Othmani, a quien se atribuye los problemas de empleo por la crisis del coronavirus 

 Los comicios legislativos adquieren una especial relevancia en esta ocasión por la incertidumbre creada en las encuestas hacia la opción del partido islamista moderado, Justicia y Desarrollo, de ser capaz de renovar por tercera vez la confianza mayoritaria de la población para poder seguir presidiendo el Gobierno con la participación de otros partidos.

Los sondeos apuntan a cierto desgaste del candidato islamista y actual primer ministro, Saaddine Othmani, a quien se atribuye los problemas de empleo originados por la crisis del coronavirus y otras decisiones que no han gozado del apoyo popular. Además, los cambios en la ley electoral no van a beneficiar a los islamistas, en principio. Como alternativa más sólida aparece el RAI, partido de centroderecha dirigido por el exministro de Agricultura, Aziz Akhannouch, que opta a recoger el voto de los descontentos. Por el centroizquierda, el PAM dirigido por Abdellatif Ouahbi, líder de la oposición apuesta por liderar una alternativa a los islamistas con otros partidos como el nacionalista Istiqal dirigido por Nizar Baraka.

 Además de la covid-19, estas elecciones van a estar marcadas por los intereses económicos, por el optimismo por la solución al conflicto del Sáhara aunque Argelia haya roto relaciones con Rabat y la nueva situación con España e Israel.

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