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¿Proclamará Puigdemont la República Catalana tras el 2-O?

Puigdemont es capaz de proclamar la República. Ya se lo ha jugado todo y no tiene nada que perder

Salvador Aragonès

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Lo que está pasando en Catalunya estos días es una revuelta. Ya no hay normalidad. No se sabe si cobraremos de la Generalitat o del Gobierno central a final de mes. Los pensionistas, preocupados. Los Mossos no saben a quién obedecer y existen amenazas para los que quieren colaborar con la Policía Nacional y la Guardia Civil. Amenazas también contra los contrarios al referéndum con pintadas, en las redes sociales, etc., contra ellos y sus familiares. Nada de eso es normal… ni democrático. He de confesar que no esperaba otra cosa.

La prensa extranjera, los periodistas anglosajones especialmente, se inclinan más por los ‘resistentes’ catalanes que por la legalidad democrática. Siempre ha sido así. El referéndum ha fracasado, y ahora solo saber dónde se harán votaciones. Si son  por internet pueden votar millones de catalanes, pero eso no lo controla nadie. Y si se ponen urnas o puestos de votación en pueblos, pueden generarse larguísimas colas, pero no será un referéndum.

En Europa, no solo en Bruselas sino en las cancillerías de los estados europeos, hay preocupación. No quieren en absoluto que prospere el hecho de que un grupo independentista del continente pueda celebrar un referéndum de autodeterminación y romper un estado historico. Todos los estados europeos, todos, tienen problemas territoriales, y si se crea un precedente en España otros pueblos o regiones europeas podrán seguir el mismo camino (hay unos 80). O sea que los estados europeos lo que esperan es que el gobierno español resuelva el problema, naturalmente dentro de la ley. De independizarse Catalunya –hipótesis imposible hoy–, se rompería el statu quo, el equilibrio de los estados europeos al cambiar su dimensión.

¿A quién interesa romper Europa? O dicho de otra manera: ¿quién estaría interesado en la secesión de Catalunya? Hoy solamente Rusia muy preocupada por la fuerza de la unidad europea cuando quiere consolidar Crimea y Ucrania. Ahora los rusos hacen maniobras militares muy cerca de las fronteras de la Unión Europea. ¿Por qué? Sobran comentarios. Así que cada vez más circulan los rumores de que el independentismo catalán está recibiendo bajo mano dinero de Rusia, aunque Putin diga que respeta la integridad del Estado español. Las verdades de Putin son escasas en política exterior.

Entonces nos metemos en el escenario del 2-O. ¿Qué hará Puigdemont? ¿Va a decir que han votado tantos o cuantos en un recuento que sólo controla él y su gobierno? Diga lo que se diga, la votación no tendrá ninguna legalidad, ninguna representatividad, ningún control democrático y ninguna legitimidad, sino el resultado de un número de votos ni contrastados, ni controlados, ni representativos. 

¿Continuará con la espiral del sinsentido? ¿Va a proclamar la República independiente de Catalunya? Es capaz de hacerlo. Él ya se lo ha jugado todo, no tiene nada que perder. Junqueras tampoco, porque lo van a dejar fuera de las contiendas electorales, como dejaron fuera en su día a su amigo Arnaldo Otegui.

Para más jaleo, acaban de salir 300 sacerdotes y religiosos en apoyo a la «legitimidad evangélica» del referéndum y piden que se vaya a votar. Representa algo más del 12 por ciento del clero existente en Catalunya. O sea, pocos. 

Sin embargo, el hecho pone de manifiesto dos cosas: una parte del clero catalán sigue sin haber digerido la doctrina del Concilio Vaticano II y las doctrinas que lo desarrollan, que señalan que el sacerdote, en su ministerio, debe procurar la unidad del pueblo y en consecuencia debe alejarse de banderías políticas que dividen al pueblo. Aquí hay tan buenos cristianos en un lado que en el otro.

Los curas no están en la línea de sus obispos

El clero ya se manifestó por las calles de Barcelona contra su arzobispo Marcelo González. Es un clero –este 12 y pico por 100– bastante o muy clericalizado. ¡Qué duro es morir el clericalismo en Catalunya! Viene de la época carlista, se rehízo en la época franquista, y ahora mantiene su llama viva al lado del ‘pujolismo’ y del secesionismo. Este clero no ha conseguido aumentar la asistencia y práctica religiosas en el Principado (o República, si quieren), sino que sigue disminuyendo. Quien aguata la fe en Catalunya son los nuevos movimientos laicales y religiosos que viven al margen de la política. Eso ellos no lo entienden. 

Y para terminar, sigo viendo una gran anomalía en todo eso. Hoy día una Catalunya independiente no la quiere nadie (salvo Venezuela). ¿Alguien puede pensar, con mente fría, que va a poder existir hoy una Catalunya independiente? Me cuesta muchísimo creerlo. Entonces ¿a qué viene todo esto? ¿Para «reventar el Estado», como ha dicho un dirigente del PDeCAT? ¿No sería mejor convocar elecciones?

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