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Protocolo y diplomacia

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, se quedó desconcertada cuando la dejaron de pie y sin sillón en medio de un solemne salón de Turquía

Ángel Pérez Giménez

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¡Hola vecinos! Joaquín Carbonell, cantautor, escritor y periodista aragonés de Alloza, Teruel, solicitó hace como más de treinta años una entrevista en profundidad para El Periódico de Aragón al entonces presidente de la comunidad autónoma de Aragón, Hipólito Gómez de las Roces. El presidente aceptó y, además, invitó a Carbonell a realizar la entrevista en la tranquilidad del domicilio de la familia Gómez, durante una comida familiar. Hipólito, asturiano de Nava, es uno de los fundadores del PAR, Partido Aragonés Regionalista (centro derecha). Joaquín Carbonell, como buen cantautor comprometido, andaba más a la izquierda. Joaquín llegó puntual a la cita, conoció a Consuelo, esposa de Hipólito, y a los cinco hijos de ambos. Presidente y periodista pasaron al despacho de casa, a empezar la charla con un aperitivo. Hasta que asomó Consuelo para anunciar: «Cuando queráis, venid al comedor. La comida está lista».

En el comedor había una mesa vestida para siete comensales.  Y fue ocupada al trote por la familia anfitriona, con la seguridad que da saber qué sitio corresponde a cada cual desde siglos inmemoriales. Joaquín quedó de pie esperando instrucciones.

-Perdona, Joaquín -advirtió el presidente-. Tenemos la costumbre de sentarnos así siempre y, ya ves, la mesa queda completa. Te hemos preparado un mueblín auxiliar para ti, ahí, en esa esquina del comedor. Mirando a la pared, no queda otra. Pero el menú es el mismo que en la mesa principal, no creas. Pediremos al Señor que bendiga los alimentos, claro. Encontrarás una campanita junto al platillo del pan, por si necesitas algo. Tú tocas la campanita, y vamos a ver qué quieres.

Imagino hoy la cara del desconcertado Carbonell y veo la de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, cuando la dejan de pie y sin sillón en medio de un solemne salón de Turquía. Lo de Joaquín quedó aclarado cuando a los Gómez de las Roces se les soltó la risa, contenida desde rato atrás, para descubrir que todo era una broma. Pero en el palacio presidencial de Ankara nadie se ríe. Von der Leyen, de pie, dice: «Humm!» Recep Tayyip Erdoğan, presidente de Turquía, se pregunta a sí mismo qué le pasa a esa loca. Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, remueve el culo inquieto en un sillón, sin suficiente valor como para levantarse, apoyar a la presidenta de la Comisión y espetar a Erdoğan: «O tenemos sitio los dos, o no tenemos ninguno». Pero para eso hay que llevarlos bien puestos y Charles Michel, cuando está ante un líder algo despótico no los lleva ni puestos.

El orden de precedencia de las instituciones europeas es este:  Parlamento Europeo, Consejo Europeo, Consejo de la Unión Europea, Comisión Europea, Tribunal de Justicia de la Unión Europea, Banco Central Europeo y Tribunal de Cuentas Europeo.   

El protocolo, el orden, estaba bien. La diplomacia, no tanto.

Ángel Pérez Giménez: Periodista. Ex jefe de protocolo del Gobierno de Aragón, exdirector de la Escuela de Protocolo de Aragón.

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