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Que nadie olvide estos días

Miedo. A pesar del riesgo, las enfermeras se levantan cada día para ir a trabajar

Carla Pomerol

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Trabajadores del hospital Joan XXIII de Tarragona pidiendo a la gente que se quede en casa. FOTO: CEDIDA

Trabajadores del hospital Joan XXIII de Tarragona pidiendo a la gente que se quede en casa. FOTO: CEDIDA

Ayer una amiga enfermera me contaba que tiene miedo. Que le da pánico pensar que, dentro de unos días, dejará de hacer su trabajo para convertirse en la simple acompañante de un paciente que se dispone a morir. Así vamos. Llevo días manteniendo conversaciones telefónicas con profesionales sanitarias. Algunas amigas, otras las he conocido a raíz de esta situación. Me alucinan. Su vocación las está poniendo a prueba. A pesar de ser conscientes del alto riesgo de contagio al que están expuestas, siguen levantándose cada día para desplazarse hasta su puesto de trabajo. Ponen en riesgo la salud de sus hijos, de sus padres. Suena mal y duro, pero es así.

Llegan al hospital y ni siquiera saben si tendrán bata impermeable que les permita entrar a dar la medicación a su paciente. Se miran entre ellas sabiendo que nadie más puede llegar a comprender lo que están viviendo. Les duele la nariz y los pómulos de llevar puestas tantas horas las gafas. Tienen miedo, pero jamás de contagiarse. No les preocupa pasar el virus. Lo que les inquieta es pasárselo a sus familiares. Llegar a casa, desinfectar la ropa, ducharse y ni acercarse a los pequeños. En el mejor de los casos, la enfermera se aísla. Alquila otro piso, sabiendo que estará un mes –por lo menos- sin ver a su hija de casi un año.

El panorama es realmente desolador y la carga emocional inmensa. ¿Qué clase de personas se juegan su salud y la de los suyos para hacer un bien común, para acabar lo antes posible con los efectos de este maldito virus? Solo ellas. Y lo hacen por amor al arte, porque no es ni por un buen sueldo ni por un reconocimiento social justo. No lo han tenido nunca.

Los humanos no hemos sido capaces de valorar al personal sanitario hasta que nos ha tocado de cerca. ¿Y qué es lo que hacemos ahora? Las directrices son claras: no salir a la calle y aplaudirles desde el balcón a las ocho de la tarde. Los primeros días, me emocionaba este gesto. Ahora ya no. Ahora ya ha llegado el momento de organizarnos para que, al salir de ésta, reivindiquemos de una vez por todas los derechos de los profesionales de hospitales y ambulatorios.

Llevo un tiempo escribiendo sobre su situación laboral. La actitud de la administración sobre este colectivo deja entrever las vergüenzas más profundas de unos gobiernos ineptos. Contratos temporales de mes a mes, sueldos muy bajos, poca estabilidad laboral, entre otros. Y ahora les piden que pongan en riesgo su salud. Pues ha llegado la hora de levantarnos. Ya está bien de aplaudirles, luchemos para mejorar la vida de aquellos que nos salvarán la nuestra. Que nadie olvide estos días.

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