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Que os conozco

¿En qué cabeza cabía que comprásemos las ansiadas vacunas sin hacer lo propio con las jeringuillas correspondientes? En Catalunya, Madrid y Andalucía se derrocha entre un 15% y un 20% del material suministrado

Danel Arzmendi

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Las redes sociales no pasan por sus mejores momentos de popularidad, criticadas desde ciertos ámbitos por su falta de rigor y fiabilidad, y también desde las antípodas por la creciente supervisión que las grandes plataformas comienzan a imponer sobre los contenidos publicados. Aun así, no cabe la menor duda de que el mundo virtual ha logrado también hacer emerger una enorme cantidad de talento oculto, mayoritariamente amateur, que ha demostrado sobradamente su capacidad para analizar nuestra realidad de forma tan sarcástica como incisiva. Y España es una auténtica potencia mundial en el mundo de los memes y las reflexiones virales.

El pasado 10 de noviembre apareció en Twitter la siguiente publicación: «Sánchez, que si habéis comprado 20 millones de dosis, que compréis también jeringuillas, que os conozco». Me pareció un mensaje ingenioso, y de hecho se lo reenvié a varios conocidos. Reflejaba con gracia ese amargo sentimiento de eterna chapuza que rodea gran parte de los retos que afrontamos colectivamente, llevando la reflexión al absurdo para imprimirle cierta sorna. ¿En qué cabeza cabía que comprásemos las ansiadas vacunas sin hacer lo propio con las jeringuillas correspondientes? Sin embargo, una vez más, la realidad ha superado la ficción. El tal Gripao, autor del tuit, demostró que conocía la idiosincrasia ibérica mejor que nadie.

En efecto, el pasado 8 de enero, la Agencia Europea del Medicamento (EMA) se vio obligada a recordar que cada vial de la vacuna de Pfizer contra el coronavirus contiene seis dosis de 0,3 ml, y no las cinco que se están administrando en varias comunidades españolas por no emplear el material adecuado. La propia farmacéutica acaba de emitir un comunicado donde aclara que sólo es posible lograr esta sexta dosis si se utilizan jeringuillas «que no dejen un volumen muerto significativo». Se refiere a un diseño que incorpora un émbolo y una aguja especiales, que reducen el residuo de producto que no llega a administrarse al paciente. De este modo, se maximiza el aprovechamiento de la inyección, y en último término, del vial.

Por el contrario, si se utilizan jeringuillas y agujas estándar (como está sucediendo en Catalunya, Madrid y Andalucía) se derrocha entre un 15% y un 20% del material suministrado. Por otro lado, la Agencia Española del Medicamento ha advertido de que, «si la cantidad de vacuna que queda en el vial tras extraer la quinta dosis no permite proporcionar una dosis completa (0,3 ml), el profesional sanitario debe desechar el vial y el contenido sobrante. Tampoco deben combinarse varios viales para obtener una dosis completa».

Este malbaratamiento de un recurso precioso ha sido denunciado, por ejemplo, por el sindicato de enfermería Satse. De hecho, el Consejero de Salud de la Junta, Jesús Aguirre, acaba de reconocer en el Parlamento andaluz que en cada vacunación se está perdiendo «un culillo» del producto, una negligencia que está provocando el despilfarro de una parte significativa del material suministrado por Pfizer. Y ahí sigue el tipo, sin dimitir, como los responsables de este disparate en la Generalitat catalana y la Comunidad madrileña.

No se trata de una cuestión novedosa e inesperada, para la que no hayamos tenido tiempo de reacción. El diario La Vanguardia, en su edición del pasado 27 de noviembre, explicaba cómo el proceso de vacunación se llevaría a cabo mediante jeringuillas especiales, como la fabricada por Becton Dickinson, que «tienen la particularidad de que permite suministrar la dosis a inyectar en su totalidad. A diferencia de las jeringuillas convencionales, con las que se llega a desperdiciar hasta el 15% de las dosis, este tipo de inyecciones se componen de una pieza en el émbolo y una aguja integrada». Pues bien, ya han pasado dos meses desde esta noticia. ¿Dónde están las jeringuillas?

Puestos a ser comprensivos, lo primero que a uno le viene a la cabeza es que la logística necesaria para traer este tipo de inyecciones probablemente sea muy compleja. Sin embargo, Becton Dickinson tiene una planta precisamente en Fraga, a unos pocos kilómetros de Lleida, donde 600 empleados trabajan a destajo en este producto específicamente. Y durante los últimos meses, esta factoría oscense ha producido nada menos que 500 millones de jeringuillas de bajo volumen muerto, cuando en todo el proceso de vacunación para toda España se necesitará una quinta parte de esta cantidad. Lamentablemente, el 95% de esta producción se ha enviado al extranjero. Sólo durante el pasado verano, la planta de Fraga suministró 65 millones de unidades al Reino Unido.

Frente a estas indignantes informaciones, el ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, ha intentado echar un capote a los responsables de las comunidades afectadas, declarando que no prevé ningún problema porque todo está «perfectamente planificado» desde hace meses. Pues no lo parece, en absoluto. De hecho, ya son miles las dosis que se han desaprovechado en Catalunya, Madrid y Andalucía por no utilizar el material prescrito por el fabricante de las vacunas.

De nuevo, por enésima vez, ha quedado demostrado que lo primero que debemos exigir a nuestros dirigentes es competencia, profesionalidad y eficacia en el ejercicio de sus responsabilidades. Honestamente, a la vista del panorama, especialmente en un contexto de gravísima crisis multifactorial como la actual, parece preferible que seamos gobernados por buenos gestores, aunque diverjamos en algunas cuestiones de carácter ideológico, que ponernos en manos de unos completos ineptos con quienes estamos totalmente de acuerdo. Y esto sólo se resuelve votando con la cabeza, y no con las tripas. Nos va la vida en ello.

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