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¿Qué pasa con la deuda de Catalunya?

A la deuda de Catalunya de 60.000 millones hay que añadir el 18,7 % de la deuda española
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Falta menos de un mes para la cita ante las urnas del 27-S y en Catalunya los políticos independentistas, con toda seguridad, van a hablar mucho, pero hay temas, de rigurosa constancia matemática, de los que no quieren hablar y si, excepcionalmente, algunos lo hacen, es sesgadamente y faltando intencionadamente a la verdad.

Y conviene reflexionar, con sosiego mucho antes de la jornada de reflexión del sábado 26-S. Tengo previsto pasar la jornada de reflexión respondiendo a una gentil invitación de un buen amigo de origen valenciano, pero afincado desde hace mucho tiempo en Tarragona, colaborador en este mismo espacio, dialogando y saboreando una paella elaborada por el mismo. E inicio hoy la reflexión únicamente sobre tres temas, por las limitaciones del presente espacio, y voy a referirme a tres cuestiones, en mi opinión, extraordinariamente importantes y de las que se va a hablar poco: la Unión Europea (UE), la Eurozona y la deuda catalana.

En primer lugar, la cuestión de la secesión dentro de un estado miembro de la UE. Hay antecedentes como es el caso de Dinamarca con la separación de Groenlandia. En el supuesto de secesión de Catalunya, el territorio catalán quedaría fuera de la UE y no le resultarían aplicables los tratados comunitarios. Y como consecuencia de tal segregación, España perdería seis millones de habitantes. Actualmente, en el Consejo de la UE y según Niza, España tiene 27 votos (7,8%), con una población de 45 millones de habitantes (9%). Todo ello, en mi opinión, sería malo para Catalunya y para España, ateniéndonos tan solo a matemática tan simple como indiscutible.

En segundo lugar, Catalunya quedaría también fuera de la denominada Eurozona, es decir, excluida de la Europa del euro, lo cual no significa, necesariamente, que no pueda seguir con el euro como moneda. Así las cosas, Catalunya debería decidir sobre cuál sería su moneda propia. En principio cabrían dos soluciones, continuar con el euro o instaurar una moneda de nuevo cuño con un banco central catalán. En el primer caso, es decir, continuar con el euro, significaría tener una moneda, como es el caso de Andorra, sin poder participar en las decisiones sobre política económica del emisor, el Banco Central Europeo (BCE), con sede en Frankfurt y en el que, obviamente, no podría sentarse delegación alguna para defender los intereses de Catalunya. La segunda opción, relativa a la creación de una nueva moneda, por ejemplo el franco o el dólar catalán, sería catastrófica porque para mantener paridades adecuadas con las otras divisas, se originaría en Catalunya una inflación galopante. O dicho de forma más entendedora, la nueva moneda en tan solo dos años de circulación perdería la mitad de su valor, los catalanes de cada 100 euros equivalentes ahorrados pasarían a tener 50.

En tercer lugar, el tema de la deuda de Catalunya. El President, Artur Más, ha dicho que no la pagarán, olvidando que la deuda deben asumirla íntegramente y si no lo hacen así quedarán fuera de todos los circuitos financieros internacionales, tanto públicos como privados. Los acreedores, sin duda alguna, provocarían la quiebra y se harían con todos los activos que respaldan la deuda. Y no hay que olvidar que a la deuda existente actual, de más de 60.000 millones de euros, hay que sumar la derivada de la aplicación del 18,7 por ciento de la deuda pública nacional total, en proporción al Producto Interior Bruto (PIB) de Catalunya que, con simples cálculos matemáticos, superaría los 350.000 millones de euros, o lo que es lo mismo, el 178 por ciento del PIB. En Grecia, esto acaba de suponer la petición de un rescate, pero en Catalunya tal rescate no se podría pedir, al estar fuera de la UE.

Los actuales líderes políticos catalanes independentistas, no quieren hablar de todo lo anterior y se limitan a decir que no se encuentran ante un problema económico, sino político, por consiguiente, parece ser que por intereses políticos, nada importa hundir económicamente a Catalunya. Claro que podrán invocar que de la UE, igual que se sale se entra. Pero, para volver a ingresar, Catalunya debería someterse a una negociación intergubernamental, y no cumpliría los requisitos exigidos para la entrada, ni tendría a su favor la necesaria unanimidad de todos los estados miembros. Igual ocurriría con la OTAN, que requiere el consenso de todos los aliados, o la ONU, con un sistema de entrada muy complejo, que requiere el previo visto bueno del Consejo de Seguridad y la aprobación de la Asamblea General.

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