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¡Qué peligro tienes, Salou!

La transformación este mes ha sido brutal. Hemos pasado del cielo de una maravillosa ciudad vacía al infierno del turismo de borrachera
 

Secundino Llorente

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Secundino Llorente.

Secundino Llorente.

Como cada año, llegué a Salou a pasar mis vacaciones hace un mes, coincidiendo con el fin del estado de alarma. La primera sensación fue impactante: la misma bella ciudad de siempre pero totalmente vacía, todos los hoteles cerrados, pocos viandantes por el Paseo Jaime I, en las playas se podía oír el suave ruido de las olas, una verdadera delicia el recorrido por la orilla del mar desde Salou a Cambrils sin gente apenas, ni un solo turista extranjero, un verdadero paraíso sin ruidos y sin rastro del coronavirus.

Aquella paz duró muy poco. La transformación en este mes ha sido brutal. Hemos pasado del cielo de una maravillosa ciudad vacía al infierno del turismo de borrachera similar a la tristemente famosa Punta Ballena en Magaluf, Mallorca. Aquí no se respetan las indicaciones marcadas por el Gobierno de la Generalitat de Cataluña y, menos aún, las súplicas de los vecinos de Salou en forma de carteles por la playa pidiendo respeto para su pueblo. Salou está en peligro de convertirse en el foco de pandemia más importante de esta zona y ahora no podemos echar la culpa a los turistas extranjeros que aún no han llegado. En mi opinión estas son las dos causas fundamentales: estar situada entre Aragón, Lleida y Barcelona y ser el atractivo, reclamo y señuelo para las aglomeraciones festivas de la juventud.

En primer lugar, la situación de Salou es peligrosa. El brote más numeroso y preocupante con 16 focos activos apareció en la comarca del Segrià con casi tres mil personas contagiadas y el confinamiento en sus casas de ciento sesenta mil vecinos. Si unimos a esto otros veinte brotes en empresas hortofrutícolas y en residencias de la tercera edad ya tenemos a los hospitales de Lleida colapsados.

En este momento hay más de treinta y tres focos en Barcelona y su área metropolitana, especialmente en L’Hospitalet de Llobregat, que tienen en vilo a la Generalitat. El tercer grupo de focos que más contagios acumula corresponde a Aragón y ha llevado a Zaragoza y su área metropolitana a una «Fase 2 flexibilizada» y al ruego de las autoridades a sus ciudadanos para que no salgan a segundas residencias. No deja de ser una triste casualidad que más de la mitad de las segundas residencias de estos tres grandes focos de pandemia (Barcelona, Lleida y Zaragoza) están en Salou. A pesar de los consejos y recomendaciones de las autoridades para quedarse en casa, el pasado fin de semana los atascos de entrada a Salou fueron espantosos y conseguir un parking en el pueblo era imposible. El domingo por la noche nos hablaban de otra gran salida. ¿Seguirá ocurriendo lo mismo todos los fines de semana? ¿Alguien duda de que esto va a afectar al aumento del número de contagios en las zonas de playa?

En segundo lugar, según los datos del Ministerio de Sanidad, la mayor parte de los más de doscientos rebrotes activos de los últimos días se han producido en lugares de ocio nocturno, con grandes aglomeraciones, sin distanciamiento y donde las mascarillas brillan por su ausencia. Ocho de cada diez contagiados son menores de treinta años, esto es la parte positiva porque al ser tan jóvenes la mayoría son asintomáticos, no colapsan hospitales y aumentan la «inmunidad del rebaño». Pero el peligro está en que todos ellos vuelven a casa donde conviven con padres y abuelos. Los botellones organizados por las redes, como Pamplona, Huesca o el reciente de Santa Pola, y las celebraciones del final de bachillerato y las pruebas de selectividad, como Zarautz o Caspe y, sobre todo, Córdoba, por la multitud de contagios.

Salou históricamente era considerada la ciudad ideal para estas fiestas estudiantiles, y este año muy especialmente, centradas en el ocio nocturno donde se relaja el distanciamiento y el uso de mascarillas, las ganas de diversión pueden a la razón y el alcohol hace el resto. Hemos podido ver numerosos grupos de jóvenes de dieciocho años por las calles de Salou desde la puesta del sol hasta el amanecer, aprovechando las cortas noches veraniegas. Otro grupo de celebraciones cada vez más de moda en Salou son las despedidas de solteros. Este último sábado he podido observar a un grupo de más de cincuenta jóvenes entre veinte y treinta años pululando por centro del pueblo, uniformados con una camiseta blanca y a las órdenes de un líder con micrófono y altavoz, de una terraza de bar a otra, donde el distanciamiento y las mascarillas brillaban por su ausencia. No sé dónde estaba la policía porque lo difícil era no verlo.

El relajamiento amenaza con llevarnos a una segunda oleada terrible de pandemia. «Toda España está en peligro, pero Salou aún más».

Secundino Llorente es catedrático de instituto en León.

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