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¿Qué sabe García-Margallo?

En Moscú protegen al presidente sirio pero entienden que crea problemas graves
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Ha llegado el momento de negociar con el-Asad». Esta neta afirmación del ministro español de Asuntos Exteriores, José M. García-Margallo, dio el lunes literalmente la vuelta al mundo y la razón es que nunca fue oída tan categóricamente al jefe de la diplomacia de un país de la OTAN, con el matiz, nada desdeñable, de que fue pronunciada en la capital iraní, Teherán, el socio principal, con Rusia, del denostado régimen sirio. La afirmación coincide cronológicamente con otra a cargo del presidente François Hollande, para quien Asad «es el pasado» y no cuenta a estos efectos. lo que autoriza a suponer que la novedosa aportación española obedece a otras evaluaciones. Más crudamente dicho, algunos observadores sopesan la posibilidad de que Washington, a fin de cuentas el actor principal, pudiera estar considerando con Moscú la posibilidad de resolver la ‘cuestión Asad’ para abordar una eventual solución de conjunto con las fuerzas políticas sirias. En Moscú protegen al presidente sirio, ciertamente, como en Teherán, pero su personalidad y su conducta en la crisis -una guerra civil que perdería sin el apoyo militar y político de los dos factores mencionados- están creándoles problemas muy considerables. Irán entiende normalizar sus relaciones con el mundo a cuenta de su brillante y bien culminada negociación sobre su programa nuclear y Rusia, boicoteada comercialmente por su conducta en Ucrania, solo desea conservar sus bases navales en la costa siria, una histórica salida de su flota a aguas mediterráneas. Francia ha anunciado bombardeos inmediatos en suelo sirio.. pero, como ya hacen los norteamericanos, solo sobre objetivos del sedicente Estado Islámico, que ocupa más o menos la mitad del país. Es seguro que hay intercambio de información entre los aliados de ocasión que no se hablan contra un temible aliado común: los islamo-terroristas. Hasta hoy no se ha registrado un solo incidente entre la aviación o la artillería antiaérea siria (buenos cohetes rusos) y los aviones occidentales antiterroristas. Son socios de hecho, algo que nadie podía prever y que altera mucho la evaluación de la crisis y el cómo proceder.

¿Hay ahora una posibilidad de negociar con Asad? Nadie parece creerlo, excepto el infatigable mediador de la ONU, Stepan de Mistura, de cuya técnica (no abordar el total a través de una gran conferencia política de todos los beligerantes, sino avanzar por pasos, con treguas locales y ayuda rápida a la población) parece tomar García-Margallo su súbito impulso: primero, una tregua en Alepo y seguir después. Sea como fuere, hay razones para creer que el ministro español no improvisó, debe recordarse que acababa de hablar con el presidente iraní, Hassan Rohaní y que, por tanto, está al corriente de la genuina posición iraní en la tragedia. Algo parece moverse gracias a la aparición traumática del EI, que detesta tanto a Asad como a nosotros.

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