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Queríamos tenerlo todo; hoy podemos alquilarlo

Sueldos a la baja. Los veinteañeros y treintañeros tienen retribuciones muy inferiores a las nuestras a su edad; pero, sobre todo, comprobamos que van llegando a cumplir los 40 ingresando lo mismo

Lluís Amiguet

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Queríamos tenerlo todo; hoy podemos alquilarlo

Queríamos tenerlo todo; hoy podemos alquilarlo

El análisis ortodoxo macroeconómico sostiene que vivimos en un mundo sin inflación y de falta de crecimiento. Todos, empezando por los periodistas, hemos visto nuestros sueldos encoger. En general, y a misma dedicación y capacidad, cobramos menos que nuestros padres.

También observamos cómo los veinteañeros y treintañeros tienen retribuciones muy inferiores a las nuestras a su edad; pero, sobre todo, comprobamos que van llegando a cumplir los 40 ingresando lo mismo, cuando los hoy cincuentones sí que a los 30 y después lograban incrementar sus sueldos.

Cada vez cobramos menos todos y en especial los más jóvenes. Es cierto. Pero, entonces, ¿por qué la conflictividad laboral es tan baja? ¿Por qué nos hemos apretado tanto el cinturón y tan resignadamente? La primera respuesta es porque nos duele menos.

Pero en ese punto también empiezan las preguntas:

¿Qué podíamos comprar en los 80 y 90 con un sueldo similar al que tienen hoy en los 2000 los veinteañeros?

Mi primer viaje a Mallorca en avión en 1983 me costó el sueldo de un mes: 30.000 pesetas. Un vuelo Barcelona-Madrid exigía, en 1990, desembolsar 25.000.

El hotel más barato de una zona de vacaciones, pongamos Salou o Mallorca, costaba una semana el sueldo de un mes. Y después de haberlo gastado sólo te quedaba el súper para poder comer.

Hoy, en cambio, se puede ir en avión a Mallorca (o venir a Salou vía Reus) por 30 euros -el 0,3% de un sueldo mileurista- y no es difícil conseguir una habitación de Airbnb digna por 60 al día. Es decir, que con su mensualidad de ahora, en principio inferior -y que conste que creo que es urgente recuperar la normalidad salarial- estos veinte y treinta añeros pueden comprar cinco veces más billetes de avión, habitaciones y comidas en Mallorca que yo entonces.

¿Qué está pasando, pues?

Pues se llama digitalización y está dejando inservibles todos los baremos económicos clásicos. Lo que sucede es que la falta de inflación está ocultando y fagocitando las ganancias de productividad que la innovación tecnológica consigue.

Repasemos por qué los veinte y treinta añeros hoy tienen más poder adquisitivo, aunque menos salario nominal, que los hoy cincuenta añeros a su edad:

1) No tienen que comprarse discos, libros o películas para poder disfrutarlos. Basta con pagar una módica mensualidad a Spotify, Netfflix o Amazon.

2) No están obligados a ahorrar para adquirir coche ni moto ni bici y poder disfrutarla: por cinco euros la hora -o incluso menos- pueden usarlas de alquiler ubicuo como propias (ahorras párking, mecánico, impuestos, ITV y seguros).

3) La ropa ya se comercializa digitalmente de segunda mano y los trajes, como las joyas, ya son a gran escala de alquiler.

4) El negocio de segunda mano se ha convertido en la primera opción para muebles, deportes, electrodomésticos, herramientas y utensilios de todo tipo.

5) Hasta la pareja y toda la inversión que conocerla comportaba (discotecas, copas, salidas, cenas, viajes, hoteles…) se ha convertido en baratísima opción digital con un sinfín de aplicaciones para ligar.

Y no quiero seguir para que no parezca que hago publicidad, amigos, pero la digitalización nos ha convertido en usuarios de todo por poco dinero y en propietarios de nada gratis.

En términos económicos, diríamos que la innovación tecnológica aumenta nuestra productividad y riqueza; pero ésta se reparte a toda la población -y especialmente a los más jóvenes, que la dominan- a través de la moderación de la inflación.

Los sueldos hoy son menores, pero con ellos puedes comprar -o al menos alquilar- más cosas que antes. Todo está disponible a todas horas en el móvil y al precio que seas capaz de obtener on-line.

El coste de la distribución tiende a cero y ese abaratamiento permite no sólo no subir sino bajar los precios. Y si dudan de lo que digo, piensen que ahora pueden ir de Tarragona - Reus - Valls - Vila-seca - Salou - Cambrils a Madrid por cinco euros.

¿Recuerdan que a mí me costaba a los 20 años casi toda mi mensualidad de 25.000 pesetas, es decir lo que hoy serían 150 euros?

Periodista. Lluís Amiguet es autor y cocreador de ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’ desde que se creó en enero de 1998. Comenzó a ejercer como periodista en el ‘Diari’ y en Ser Tarragona. 

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