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Quién es nazi

Por suerte, la mayoría de españoles son sensatos, cordiales y abiertos hacia Catalunya

 

Josep Moya-Angeler

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Mientras hay todavía cientos, quizás miles, de calles en las poblaciones españolas con nombres franquistas, mientras el Partido Popular se resiste a liquidar el Valle de los Caídos, mientras en la capitanía de Burgos o en la Plaza Mayor de Salamanca se celebra la figura de Franco, Alfonso Guerra (que tuvo que dimitir como vicepresidente español sin explicar por qué toleró las corrupciones familiares) vuelve al ataque contra el nacionalismo catalán, del que ha dicho: «el único franquismo que queda en España lo representan los dirigentes nacionalistas».

Guerra no está solo. Llueven frases así y peores contra el nacionalismo catalán. Pero Guerra es, en teoría, un hombre informado y leído. Claro está que no ha dicho nada nuevo, pues suyas son las frases de que al Estatut «lo cepillamos» o «Pujol, enano, habla castellano». Muy fino. Y hay gente que le ríe las gracias.

Peor son los que dicen impunemente que los nacionalistas son nazis. Incluso los hay que teorizan la relación entre el nazismo (nacional socialismo alemán) y el nacionalismo catalán. Ignoro por qué no dicen lo mismo del nacionalismo español. Y digo impunemente porque el nazismo, aparte de estar prohibido en Alemania, fue condenado por sus atrocidades, está prohibido por numerosos países europeos y fue condenado políticamente por la Unión Europea en septiembre del 2008.

Nazismo es, en una definición breve, la doctrina racista y totalitaria que defendía el poder absoluto del Estado y la superioridad y la supremacía del pueblo germano frente a los demás pueblos de Europa. Su aplicación práctica ya es sobradamente conocida, aunque hay energúmenos que niegan el Holocausto. Nada que ver con Catalunya ni con los que piden –un ochenta por ciento de la población– que debería celebrarse una consulta para saber qué opinan los catalanes de su futuro. ¿Realmente hay quien piensa que el ochenta por ciento de catalanes son nazis?

Si hacer un referéndum es nazista, ¡pobre Suiza que celebra un promedio de dos cada año! Por no hablar de los hechos en Holanda y Francia respecto a la Constitución europea (que fue rechazada y como consecuencia se retiró el proyecto de Constitución en la UE) o en Islandia –2010– en una consulta que derrotó al gobierno por el rescate bancario, o en Grecia –2015– o Irlanda –1998– o la mismísima Gran Bretaña –2017– contradiciendo a Cameron y obligando el Brexit. Querer hacer un referéndum y hacerlo pacíficamente es un hecho común en cualquier país civilizado …excepto en España.

Por otra parte, es obvio que Catalunya es un país abierto y de acogida, en donde el mestizaje es norma enriquecedora. Hay líderes políticos nacidos lejos de Catalunya (José Montilla fue President, Inés Arrimadas es jefe de la oposición, Mohammed Chaib es diputado catalán y árabe, el único en España) y hay millones, de catalanes de origen exterior al territorio, comenzando por Jordi Sánchez, que preside la ANC, y acabando por mí mismo. Los catalanes son europeístas y parte del desarrollo económico que vivió a partir del siglo XIX ha sido por abrirse a ideas externas y viajar en busca de lecciones de las que aprender. Es la región europea que más turismo recibe y el mayor dato que atrae a los extranjeros es que es los catalanes son abiertos, receptivos y cosmopolitas. 

Todo esto puede parecer obvio a más de uno. Son sólo cuatro pinceladas, pero conviene recordarlas para rechazar de plano esa facilidad de algunos en colgar a los nacionalistas la brutalidad y sinrazón del nazismo. Es, sinceramente, intolerable. Y convendría hacer dos cosas cada vez que se dice una falsedad tan hiriente: primero, que decir semejantes cosas debería ser delito, pues es una perfecta injuria y una calumnia. Y segundo, decir a quien las pronuncia que o bien es un perfecto ignorante del nazismo y del catalanismo, o bien actúa de mala fe. Callarse es otorgar. A mí no se me ocurría decir eso de ‘cree el ladrón que todos son de su condición’, aunque quizás algún día me entren ganas…

Me pregunto si no hay nadie en Catalunya que defienda a una parte de los catalanes de la infamia, de la política de los miserables y del salvaje actuar de quien cree que todo vale. 
Por suerte, la mayoría de españoles son sensatos, cordiales y abiertos hacia Catalunya, incluso cuando no les gusta que los nacionalistas catalanes piensen de su país como piensan. Si yo fuera nacionalista español, tampoco me gustaría que en Catalunya se planteara un referéndum como el que ahora se reclama. Pero hay que saber respetar a los demás. El respeto es la clave de toda convivencia.

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