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Opinion EDITORIAL

Rajoy cae en la trampa de Puigdemont

Los independentistas saben que no hay más salida que nombrar a otro candidato, pero quieren desgastar más a Rajoy

 

Diari de Tarragona

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Mariano Rajoy persiste en lavía de los Tribunales. EFE

Mariano Rajoy persiste en lavía de los Tribunales. EFE

Nuevamente se demuestra acertada la máxima jesuítica que proclama que ninguna situación es suficientemente mala como para que no sea susceptible de empeorar. En esta tesitura se encuentra la crisis política catalana, que cada día que pasa empeora. El último episodio se vivió ayer con la presentación por parte del Gobierno del recurso ante el Tribunal Constitucional contra la propuesta del president de Parlament, Roger Torrent, de investir a Carles Puigdemont como president de la Generalitat. El enredo es mayúsculo por el hecho no menor de que el Gobierno central presenta el recurso contraviniendo el dictamen del Consejo de Estado. Cierto que la opinión del citado estamento no es vinculante, pero no hay duda de que sus conclusiones suponen un nuevo revés para Rajoy y su empecinamiento en resolver el problema catalán por la vía de los tribunales de justicia. El Tribunal Constitucional se reunirá hoy de forma extraordinaria para determinar si acepta a trámite el recurso del Gobierno. Si es así, como ha sucedido en la práctica totalidad de ocasiones en que el Alto Tribunal ha sido requerido por el Ejecutivo, la investidura de Puigdemont quedaría paralizada hasta que los magistrados dictaran sentencia. La mayoría independentista del Parlament está dispuesta a agotar todos los plazos y todos los recursos legales para forzar la investidura de Puigdemont, a sabiendas de que será inviable (no se olvide que en última instancia la elección debe ser sancionada por el Rey). Además, aunque surgiera la imprevisible fórmula que permitiera el nombramiento, sería inviable llevar a cabo la acción de gobierno, bien desde Bruselas, bien desde la cárcel. No hay otra vía factible que la designación de un candidato alternativo, sin cargas judiciales y sin la permanente espada de Damocles del Tribunal Constitucional. Lo sabe Puigdemont y lo sabe el frente independentista, pero antes de tomar la única salida posible para recuperar las instituciones y desactivar el 155, están dispuestos a que Rajoy deje los últimos pelos que le quedan en la madriguera.

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