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Opinion EDITORIAL

Rajoy toma una decisión: dimite

La Historia dirá si Rajoy deja una España mejor que la que encontró. De lo que no hay duda es de que no atajó la corrupción.

 

Diari de Tarragona

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Mariano Rajoy anuncia que deja la presidencia del PP: EFE

Mariano Rajoy anuncia que deja la presidencia del PP: EFE

Por una vez no se le podrá reprochar a Mariano Rajoy falta de diligencia en la toma de decisiones. El anuncio de su dimisión al frente del PP es sin duda, como ha dicho el propio Rajoy, lo mejor para él, para su partido y para España. Rajoy ha cubierto la etapa más larga de un político en el ejercicio de cargos públicos en España desde que comenzara en su tierna juventud como presidente de la Diputación de Pontevedra. Después pasó por distintos ministerios hasta alcanzar la presidencia de Gobierno. Su tiempo ha terminado. Rajoy no ha tenido el final político que hubiera deseado. Una moción de censura que nadie previó ha puesto punto final a su carrera política. Al frente del Gobierno le ha tocado vivir situaciones difíciles, desde la crisis económica que situó a España al borde del rescate, hasta el conflicto de Catalunya, que deja por resolver. Ahora deberá enfrentarse también al proceso de su sucesión al frente del PP. Ya ha dejado entrever que no utilizará el dedazo, procedimiento del que hizo uso Aznar para designar precisamente a Rajoy. Los esfuerzos del presidente dimisionario se centrarán en tutelar la unidad del partido con el fin de que el proceso de sucesión no abra las heridas latentes que aguardan una oportunidad para aflorar. El nombre que suena con mayor fuerza es el del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. La ex vicepresidenta Soraya de Santamaría, y la ex ministra de Defensa y secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, juegan sus bazas. Sin embargo, la guerra poco oculta entre ambas puede decantar del todo la opción mayoritaria en favor de Núñez Feijóo. La última gran responsabilidad de Rajoy será evitar que el PP salte por los aires a causa de las guerras fratricidas. El juicio definitivo de la labor de Rajoy quedará para los historiadores. Ellos dirán si efectivamente el registrador de la propiedad sobrio e inmutable dejó un país mejor que el que se encontró. De lo que no hay duda es de que no supo atajar la corrupción en su partido, pecado capital que le ha costado la cabeza.

 

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