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Razón y pasión

La primera reacción de la Unión Europea al Brexit ha sido airada. Pero sería mejor cauterizar la herida que urgar en ella

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Las consecuencias del Brexit están a la vista: muchos de los partidarios de la salida se arrepienten y ayudan a conseguir firmas para convocar otro referéndum; los propagandistas de la ruptura reconocen que falsearon los argumentos económicos; el Reino Unido está en shock porque corre peligro no sólo su prosperidad sino su integridad: Escocia e Irlanda amenazan con irse. En estas circunstancias, la primera reacción de la Unión Europea ha sido airada: puesto que han decidido marcharse, que lo hagan cuanto antes y sin ninguna ventaja; que vean lo desacertado de su opción. Y sin embargo, esta salida espontánea es poco inteligente, ya que la actitud sensata y razonable es precisamente la contraria: lo que la UE debe hacer ahora es buscar el mejor acomodo posible para el Reino Unido, que ha de poder permanecer en el mercado único si se aviene a seguir pagando una cuota. La marcha del Reino Unido, el país más remiso a la integración política, dará pie al resto del club europeo a acelerar la unión política y a culminar la unión financiera, en un proceso progresivo de federalización que. en un cierto momento, deberá abarcar también al Reino Unido. Y lo racional es que la UE colme las ambiciones europeístas de Escocia e Irlanda del Norte sin necesidad de que estas naciones se independicen. En definitiva, hay que cauterizar la herida para que deje de sangrar en lugar de hurgar en ella para que se desangre el miembro que se separa del tronco.

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