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Razones para el 2-O

Ni asimilismo ni separatismo. Convivencia bien pactada. Para décadas

Ángel Camacho

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U na multitud alegre y vistosa se divirtió en la Diada. Sí, sí, sí… votar es un acto de democracia, en efecto, pero en democracia hay que seguir las vías legales. No hay que dejarse engañar por palabras que la mayoría no entiende: legitimidad, legalidad… No estamos en Botswana, ni Afganistán. Hay una jerarquía legal: Constitución, Estatutos, leyes, decretos, órdenes… Una norma inferior no puede imponerse –y mucho menos derogar– a otra superior.

Puigdemont miente cuando dice que solo el Parlament le puede inhabilitar. Si incumple el Estatut (que lo ha hecho), si recrimina y no obedece al Tribunal Constitucional (que lo ha hecho), se está poniendo fuera de los límites legales. Y, lo peor, engañando a los ciudadanos, a los que aboca a otras responsabilidades. Junts pel Sí tiene que quitarse la soga que la CUP le ha echado al cuello.

Cuando Rafael de Casanova, a quien se vistió de flores el lunes, exclamó «Luchamos por nosotros [los catalanes] y por la nación española», lo dijo por algo.

Engañan a los ciudadanos quienes les ocultan o tergiversan las consecuencias internas y externas  de una declaración unilateral e ilegal de independencia.

Internas: desde 2012 hay un saldo negativo de instalación de empresas (se han ido de Cataluña más de 1.600). Nadie explica cómo pagaría la ‘nueva’ Cataluña los 57.000 millones de euros de su deuda. Al día siguiente de tal declaración los jubilados de aquí cobrarían casi un 30% menos (si hay fondos en la Tesorería catalana). Moody’s y otras empresas de crédito ya dicen que en, en ese caso, el fondo Catalunya pasaría a ser basura. ¿Vendrían tantos turistas a una sociedad aislada?...

Los productos catalanes tendrían que pagar tasas de exportación a España y a Europa, de cuya Unión estaría fuera (lo ha dicho su presidente hace poco). Lo que no obsta a que Puigdemont continúe haciendo el ridículo con sus embajadas y sus gastos de instalación. ¿Ha pensado algún aficionado adónde iría a jugar el Barça?... No quiero imaginarlo jugando la liga con Andorra y Gibraltar…

¿Amenazas?¿Miedo?... Realidades que se ocultan a los ciudadanos.

Los gestos son importantes, claro que sí. ¿Un millón de personas en la Diada?... Hay que tenerles en cuenta, aunque fueran 100.000. Désele a un ciudadano normal una bolsa, una camiseta atractiva e incluso una vela y con una consigna o mantra se encenderán los ánimos de la masa (ya no cuento a los fanáticos y sectarios que pululan ahora).

Pero con la masa no se negocia. La masa sólo grita y se alegra porque llena estadísticas.
El 2 de octubre es otra cosa. Tiene que serlo.

Los dos gobiernos tienen que ceder, algo al menos. Proponer una fecha, un lugar y paralizar los trenes. El Estado debe ofrecer gestos a Cataluña (ayudas, pago de su deuda, una Comisión preconstituyente para rehacer algunos puntos de la Constitución…). El Govern debe declarar la congelación de todo lo que ha propuesto ilegalmente y pedir al Parlament que lo acepte. Unos y otros y el Tribunal Constitucional pueden suspender e incluso sobreseer, aunque fuere provisionalmente, sus procedimientos en curso. Y ¿por qué no cambiar las caras negociadoras?...
El 2 de octubre no tiene que ser un problema ni para España ni para Cataluña. Hay que tener en cuenta también que Cataluña la formamos todos los que aquí vivimos.

Y, después, si se quiere, votar como se hace en democracia: censo, listas, papeletas, interventores y todo lo que sea necesario 

Ni asimilismo ni separatismo. Convivencia bien pactada. Para décadas.

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