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Realidad y ficción: política española

El problema de Catalunya sólo se puede abordar con Política en mayúsculas

Josep M. Marsal

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El problema político en España viene por el eslogan que la define como unidad, nada más lejos de esta afirmación, la realidad de los pueblos de España es su diversidad de todo tipo:

Geográfica: el segundo país más montañoso de Europa, una costa con casi (8.000 km de longitud), comunidades mediterráneas, atlánticas, del Pirineo, de la Meseta, insulares..., lo que define a su vez climas secos, húmedos, templados, fríos, cálidos...

Culturales: ¿qué tiene que ver la jota con la sardana, el flamenco, el aurrescu o la muñeira...?

Expresiones populares tan diferentes: castells, toros, pelota vasca...

Gastronomía: totalmente diferentes como el pa amb tomàquet, el gazpacho, la piperrada, el pote, las papas arrugás, el frito mallorquín...

Idiomáticas: aparte del castellano que se habla en todo el territorio, se usa a diario por sus gentes el gallego, el catalán, el vasco...

Probablemente no hay otro estado en la UE con diferencias tan acusadas como en España, lo que a su vez supone unos valores ancestrales a preservar y que le confieren una gran diversidad y personalidad que la hace atractiva a muchos visitantes del mundo.

Creemos totalmente acreditada la falta total de unión del territorio conocido como España; es, pues, una falacia pretender la uniformidad de sus pueblos, como vemos la realidad es que es pluricultural y plurilinguística, y que por razones históricas se convirtió en un estado al sur de los Pirineos, en la península Ibérica con excepción de Portugal y con las Baleares, Canarias y ciudades del norte de África.

Una amalgama de gente tan diversa sólo es posible de mantener aceptando la realidad de su composición, por ello sólo cabe esa unidad en un Estado confederal en que cada comunidad pueda encontrarse a gusto y reconocida por el conjunto en sus valores esenciales idiomáticos y culturales y, sobre todo, por un sistema fiscal equilibrado que garantice a todos los ciudadanos los derechos básicos en educación, sanidad y pensiones limitando, en su caso, la aportación a la caja común, por el ‘principio de ordinalidad’ (es decir el que más aporta no puede ser relegado del lugar que ocupa en la aportación fiscal del conjunto).

Catalunya, con su fuerte personalidad social, cultural, económica, hace tiempo que viene denunciando la realidad del Estado español que acabamos de describir y la reacción de la ‘tecnoestructura’ del Estado consiste en seguir negando la realidad, por ello hay muchos ciudadanos de Cataluña que piensan que este Estado no les representa, les ‘roba’, en el supuesto más limitado, no menos de 8/10.000 M€ al año. Téngase en cuenta que España ha recibido desde que entró en 1986 en la UE unos 100.000 M€, es decir, una media de 3.500 M€/año, lo que confirma que el déficit catalán con el Estado es una enormidad y supone unas transferencias de renta tan altas al Estado que luego distribuye sin equidad mientras Catalunya tiene déficit en sistemas básicos.

Ante el planteamiento de independencia y ya cansados de promesas del Estado, para alrededor de la mitad de los catalanes sólo cabe afrontar el problema con Política (en mayúsculas, no con decisiones judiciales a corto plazo) y afrontar una realidad diversa, como por ejemplo hace la Confederación Helvética (Suiza), un estado con cuatro lenguas oficiales y con fiscalidad independiente en sus cantones. No hay otra solución que un cambio constitucional que reconozca lo evidente.

Es con la realidad como podemos afrontar un grave problema para todos (españoles y catalanes) y de ahí que alrededor del 80% de los catalanes es partidario de celebrar un referéndum que dirima la cuestión ya inaplazable y que no nos podemos permitir por más tiempo.

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