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Realismo económico

Urge que se instale en este país el realismo económico, que sólo un nuevo gobierno recién salido de las urnas será capaz de aportar

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España todavía no ha salido completamente del túnel: según el ministro de Guindos, a principios de 2017 se alcanzarán los niveles de renta y de PIB anteriores a la crisis. Aunque sólo regresaremos a niveles precrisis de empleo a finales de 2019, después de haber creado 1,8 millones de empleos -unos 47.000 al año- y de haber alcanzado los veinte millones de puestos de trabajo. Obviamente, las previsiones a tan largo plazo tiene un valor reducido. De Guindos llego a decir este viernes que el gran cambio de la economía española habría consistido en que ha pasado a depender principalmente de la exportaciones de bienes y servicios, por lo que si el cuadro macro se cumple, podemos contar con al menos siete años seguidos de superávit de la balanza de pagos. Como ejercicio intelectual puede admitirse pero estos ejercicios prospecticos no conducen a nada. El caso es que, según el referido cuadro macro, España debería concluir este ejercicio con un déficit del 3,6%, partiendo del 5% de 2015, algo inimaginable. Bruselasno tolerará que la desviación se cronifique, por lo que antes o después serán inevitables unos ajustes que requerirán subidas de impuestos si no se quiere herir de muerte a unos servicios públicos que, diga lo que diga Montoro, están exhaustos y necesitados de más recursos. En otras palabras, urge que se instale en este país el realismo económico, que sólo un nuevo gobierno recién salido de las urnas será capaz de aportar.

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