‘Rebellis’ con causa

Sant Jordi playero. Les invito a que salgan, pese a todo, a comprar algún libro este próximo jueves. Tal vez, cuando caiga la tarde, no se esté tan mal frente a algún puesto de libros

LLUÍS AMIGUET

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Mi amigo Joan Parra me dice que ha ido a comprar Homo Rebellis en la llibreria Adserà, de la Rambla tarragonina. Y tienen que darle el último, expuesto en el escaparate, porque «una señora acaba de llevarse los otros tres que teníamos en venta».

¡Bien! Le chillo al teléfono; pero segundos después otra dependienta aclara que la señora había dicho, varias veces, que era «la madre del autor».

Gracias mamá. La primera y la última palabra de los humanos suele ser «mamá». Y ese es una de las tesis de ‘Rebellis’: las patrias se han convertido en mercados y las iglesias se vacían, pero los hijos –y las madres– son la última religión de Occidente. Cuando nos reunimos los compañeros de la promoción del 90, algunos dicen arrepentirse –aunque viven mejor que los papás– de no haber tenido hijos, pero nadie de haberlos tenido.

Por eso, los embarazados de nuevo libro, nos sentimos papás frustrados de ejemplar entre pandemias y rebrotes. Y es que ni siquiera estamos seguros de poder firmar nuestro libro este Sant Jordi tropical de la semana que viene.

Tampoco hemos podido presentar la obra en condiciones (y yo contaba con una terraza preciosa de nuestro Nucli Antic); ni ir a las sobremesas de las radios (todo por telepantalla es frío y triste)…Pero los más afortunados siempre tendremos a mamá como primera y a veces última lectora.

Gracias mamá. La primera y la última palabra de los humanos suele ser «mamá» 

Los Adserà tuitean, buena gente, que soy de raíz tarragonina. Y respondo con un «Tarraco Semper; Tarraco impera» de tarragoní fidel y agradecido pregonero de la Tecla. Porque forma parte también del ‘Rebellis’, que explica que los imperios dieron a sus ciudadanos más libertades para crecer como personas que las tribus y después estados nación. Los judíos, los gitanos, los homosexuales, los diversos en general, prosperaron en el imperio austro húngaro, pero fueron exterminados cuando se transformó en estado-nación alemán.

Por eso, también defiendo el cruce compartido de soberanías desde la UE –heredera del imperio romano del que fuimos segunda capital– hasta nuestros ayuntamientos. Ahora esas cosoberanías nos salvan del cataclismo pandémico y de la tristeza de ver los hoteles y las terrazas sin turistas y a tantos amigos en el paro.

Sus problemas son mucho más graves que los de este autor de libro sin promoción y sin presentaciones. Porque los libros hoy dan poco dinero –créanme–; pero aún permiten ratos de alegría y charla con viejos amigos, como éste con ustedes.

Por eso, les invito a que salgan, pese a todo, a comprar algún libro este próximo jueves de Sant Jordi playero. Tal vez, cuando caiga la tarde, no se esté tan mal frente a algún puesto de libros. Ojalá compremos alguna rosa y por lo menos miremos –aunque sea a la distancia de seguridad– las portadas de las novedades de este año.

Podemos vivir sin libros –y sin Rebellis–, pero mucho peor. Feliz Sant Jordi, amigos

Los libros son libertad aún antes de ser leídos. Y no podemos conceder a ningún virus el poder de acabar con ellos. Les invito a que seamos ‘Rebellis’, con mascarilla y todas las precauciones necesarias, pero también dispuestos a emanciparnos una vez más con nuestra cultura de la dictadura de los genes.

Porque aún seríamos primates subidos a los árboles para escapar del león si uno de nosotros no hubiera decidido rebelarse contra su propia naturaleza y comenzar a andar erguido. Y porque cada libro es una ventana al mundo, pero también a todos los mundos que podrían ser.

Después, nos quedará todavía la segunda rebeldía que nos hace humanos: la de cada uno de nosotros contra nuestra especie para encontrar su propio modo de buscar la felicidad. Y los libros ayudan en esa búsqueda. Porque podemos vivir sin ellos –y sin Rebellis–, pero mucho peor. Feliz Sant Jordi, amigos.

* Periodista. LLuís Amiget es autor y cocreador de ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’ desde que se creó en enero de 1998. Comenzó a ejercer como periodista en el ‘Diari’ y en Ser Tarragona

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